Una mirada sobre las vinculaciones de la izquierda peronista con el PRT-ERP

La vinculación de la izquierda peronista con el PRT-ERP tuvo idas y vueltas y altibajos, que dependieron de distintos momentos y escenarios políticos. A lo anterior, quisiera agregar que la izquierda peronista nunca fue un bloque homogéneo, lo que determinó que en su vinculación con el PRT-ERP, distintas organizaciones mantuvieran relaciones diversas.
Hechas estas aclaraciones creo que lo más representativo de sus acuerdos y diferencias está contenido en la famosa polémica entre las FAR y el PRT-ERP, publicada en el primer semestre de 1971. Quienes responden en esa oportunidad son Carlos Olmedo, de las FAR, y Roberto Santucho, por el PRT-ERP. En ese intercambio aparece un debate sobre el significado que había tenido la experiencia de los trabajadores en el marco de la identidad peronista entre 1945 y ese momento (1971). El PRT-ERP hace hincapié en la dependencia de un liderazgo burgués y las FAR reivindican el crecimiento de la conciencia del conjunto de la clase obrera en el marco de la experiencia peronista, advirtiendo y ejerciendo la posibilidad de incorporarse a la política y empezar a jugar un papel protagónico, más allá de defender sus demandas reivindicativas. Recomiendo leer este material, entre las páginas 10 y 48.
Este documento me parece excepcional para la izquierda peronista, no solo porque Carlos Olmedo, que no provenía del peronismo, era uno de los dirigentes con más formación política e ideológica de esos tiempos, sino porque además en esos meses estaba muy avanzada la construcción de las OAP (Organizaciones Armadas Peronistas) en la provincia de Córdoba. Allí confluían los mejores cuadros de la FAR, uno de los grupos fundadores más lúcidos de Montoneros (la Columna Sabino Navarro), y las FAP, vinculadas al Peronismo de Base, nacido en esa provincia.
Olmedo contesta desde las opiniones de su organización, pero además expresa uno de los mejores momentos de síntesis política de la izquierda peronista, que se manifestaba en Córdoba, donde se habían desarrollado sucesos muy importantes. En el plano sindical, esa izquierda era parte de las listas clasistas y antiburocráticas, que compartían con otras expresiones de la izquierda no peronista. Esas listas conducían gremios y comisiones internas en Sitrac-Sitram, Smata, Luz y Fuerza, Gráficos, Telefónicos, etc.
Olmedo fue asesinado el 3 de noviembre de 1971. Participaba en un operativo de las OAP que se proponía secuestrar a Oberdan Sallustro, un alto directivo de Fiat. Con él cayeron otros dos compañeros de las FAR, Agustín Villagra y Juan Carlos Baffi, y también Raúl Peressini de las FAP. Tiempo después, el PRT-ERP secuestraría a Sallustro. Una carta de Santucho a su compañera da cuenta del enorme respeto y valoración política que tenía por Olmedo. En las FAP esa caída se sintió de la misma manera.
En agosto de 1972, militantes y dirigentes presos de Montoneros y de las FAR, participaron con Santucho y otros dirigentes del PRT-ERP en la fuga de Trelew. Se fugaron 3 dirigentes del PRT-ERP, 2 de las FAR y uno de Montoneros. Los 19 fusilados por la Marina, el 22 de ese mes, pertenecían a esas organizaciones.
Cuando el retorno de Perón dejó de ser una consigna para convertirse en una posibilidad efectiva, y finalmente se concretó, las diferencias políticas entre las organizaciones peronistas y el PRT-ERP se tensaron. La conducción del PRT-ERP estaba convencida que el retorno era una concesión de los militares, y que traía consigo una trampa, para tratar de apaciguar las puebladas populares que se estaban produciendo en el país (Cordobazos, Rosariazos, Tucumanazos, etc.), y neutralizar el creciente prestigio que estaban ganando las organizaciones armadas. La consigna de reemplazar a los mártires de Trelew generó un importante crecimiento de todas las organizaciones armadas, y aumentaron las simpatías populares por sus acciones militares. Lo mismo ocurrió con la ejecución de Aramburu.
Montoneros y las FAR reivindicaban la vuelta de Perón como un triunfo popular, pero además se ilusionaron con el posicionamiento estratégico del viejo líder exiliado. A contrapelo de lo que indicaba la experiencia del peronismo revolucionario, y en particular el desarrollo de su relación con John William Cooke, suponían que Perón se había actualizado a partir de los nuevos hechos mundiales (Revolución Cubana, luchas anticoloniales en África, triunfo de Vietnam, Mayo Francés) y que apostaría por el socialismo. Las cintas grabadas que enviaba desde el exilio y el film "Actualización doctrinaria para la Toma del Poder", donde lo entrevistaron Octavio Gettino y Fernando Solanas, ponía en sus palabras esa supuesta radicalización.
Las FAP y otras organizaciones de la izquierda peronista como el MR17 (liderado por Gustavo Rearte) y el FRP (liderado por Armando Jaime), fueron mucho más precavidas con respecto a Perón al que no dejaron de caracterizar como un líder burgués. En consecuencia, fueron mucho menores sus desencuentros con el PRT-ERP.
Los primeros indicios de que Perón no había regresado a apoyar la causa del socialismo, sino a fortalecer la dominación capitalista, con un proyecto que denominaba Argentina Potencia, confirmaron las presunciones del PRT-ERP. Pero esta organización siguió actuando sin valorar que lo que quedaba claro en lo estratégico, llevaría un tiempo procesarse en lo político para millones de habitantes de este país que habían confiado que el regreso del líder sería venturoso. Después de la masacre de Ezeiza organizada por la derecha peronista y respaldada por Perón, el PRT-ERP asaltó el 6 de septiembre de 1973 el Comando de Sanidad en Buenos Aires. En enero de 1974, ya con Perón en el gobierno, ocupó el Regimiento de Azul.
El giro a la derecha de Perón, inesperado para la conducción de Montoneros, generó vacilaciones en su conducción sobre cómo posicionarse con su líder. Estas vacilaciones eran criticadas en la Revista Militancia, dirigida por Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Duhalde, donde se había creado una tira humorística con un personaje que se llamaba Tendencio. De esas discusiones en el interior de Montoneros surgió seguramente la decisión de marcarle la cancha al líder, que se concretó con la ejecución del Secretario General de la CGT, José Ignacio Rucci, un burócrata metalúrgico que había estado ligado a la masacre de Ezeiza. Después del 1 de mayo de 1974, la ruptura de Montoneros con Perón fue definitiva. Y a partir de esas nuevas definiciones se produjo un acercamiento de su conducción, liderada por Firmerich, con el PRT-ERP.
Las FAP, al igual que otros grupos del peronismo revolucionario, sintieron menos el impacto del giro de Perón y mantuvieron una línea crítica, por eso cuestionaron su papel en Ezeiza y su apoyo posterior a la derecha peronista que empezó a sabotear al gobierno de Cámpora y a desplazar a los gobernadores con más arraigo popular (Bidegain, Cepernic, Martinez Baca, Ragone, Obregón Cano, etc.). Desde esa postura, expresada por Jorge Di Pascuale, dirigente sindical de Farmacia y miembro de la Mesa Política del Peronismo de Base, reivindicó el carácter de compañeros de quienes habían ocupado el Regimiento de Azul. En esa intervención advertían que las diferencias sobre cómo posicionarse en una coyuntura política no invalidaba el respeto y la confianza que se merecían.
El PRT-ERP impulsó desde 1973 una propuesta política denominada Frente Antimperialista por el Socialismo que contó desde su primer encuentro con el apoyo del Frente Revolucionario Peronista (FRP), liderado por el dirigente salteño Armando Jaime. Se realizaron distintas reuniones regionales previas que sustentaron una amplia convocatoria al IV Encuentro del FAS que se realizó en Villa Luján, en Tucumán, el 18 de agosto de 1973. Allí estuvieron presentes militantes de la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO), y contó con la adhesión de distintos grupos peronistas como la ARP, que todavía sostenía Alicia Eguren, la Columna Sabino Navarro de Montoneros y la regional Tucumán de las FAP.
En ese encuentro se intentó lanzar la candidatura presidencial de Agustín Tosco y Armando Jaime, que no pudo concretarse por la negativa de Tosco, que consideraba que no era el momento político de salir a competir contra Perón. El V Congreso realizado en el Chaco amplió su convocatoria, donde volvieron a estar presentes Agustín Tosco, Manuel Gaggero, el cura Ramondetti, referente de los sacerdotes del Tercer Mundo, y Alicia Eguren. Armando Jaime fue elegido presidente del FAS. El VI y último congreso se realizó en Rosario el 16 de octubre de 1974, con la presencia de más de 25.000 asistentes. Allí sí hubo una participación formal de las FAP, que estuvo representada por Alfredo Ferraressi, dirigente de Farmacia e integrante de la Mesa Política del Peronismo de Base. También hubo una importante representación del OCPO y del FR17, que surgía de una fusión del FRP y el MR17. Participaron figuras muy reconocidas como Silvio Frondizi, Alicia Eguren y el diputado Rodolfo Ortega Peña.
Con respecto a la representación de las FAP, una organización que muchos se han atribuido haber dirigido, corresponde hacer algunas aclaraciones. En sus comienzos, cuando emergió públicamente fue dirigida por Cacho Envar el Kadri, Amanda Peralta y Nestor Verdinelli, que fueron detenidos en Taco Ralo en 1968. Entre 1969 y 1972 participaron distintos compañeros en su dirección entre los que se cuentan Jorge Cataldo, Enrique Ardeti, Raimundo Villaflor, Jorge Caffati y en 1971 se incorporó Amanda Peralta, que había sido liberada de la cárcel en junio de ese año. A partir de diciembre del 72, se constituyó la FAP Nacional. Por su lado, el grupo liderado por Amanda Peralta y Envar el Kadri asumió la identidad de FAP 17, que no tardó en disolverse. La mayoría de los militantes se incorporaron a Montoneros.
Quienes dirigieron las FAP Nacional o FAP-Peronismo de Base, entre fines de 1972 y 1979, fueron Raimundo Villaflor, Enrique Ardeti, Ruben Palazzesi y Elsa Martínez. Esa dirección nunca fue pública, su representación era asumida por la Mesa del Peronismo de Base donde participaban fuertes referentes sindicales y sociales. Entre ellos, los dirigentes del gremio de Farmacia Jorge Di Pascuale y Alfredo Ferraressi, el gráfico José Villaflor, el dirigente de UTA Miguel Ángel Mars, el teólogo y ex sacerdote Rubén Dri, etc.
Hay militantes memoriosos que aseguran que antes del último encuentro del FAS se realizó una reunión entre Raimundo Villaflor y Roberto Santucho. En esa conversación se discutió la incorporación definitiva de las FAP-PB al FAS. Hubo acuerdo político, pero Villaflor planteó la exigencia de acordar en la línea operacional. Allí surgían diferencias que en ese momento parecieron insalvables. El PRT-ERP tenía una fuerte orientación de golpear a las Fuerzas Armadas, a quienes identificaban como "ejército de ocupación", y las FAP-PB privilegiaban el accionar militar contra las patronales y las burocracias sindicales.
El pico de luchas sindicales en la Argentina desarrollado en los años 1974 y 1975, con cifras de 800 y 500 conflictos anuales en fábricas grandes, encontró al conjunto de la izquierda participando activamente desde agrupaciones de base, cuerpos de delegados o sindicatos. Las organizaciones político-militares como el PRT-ERP, la JTP que respondía a Montoneros, las FAP-PB y las FAL 17, tuvieron presencia fabril junto a otros grupos que se habían militarizado, como el OCPO, el FR17, el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML) y Resistencia Libertaria (RL). Pero también eran parte de esa lucha fuerzas de izquierda que nunca eligieron la vía armada. Todos estuvieron presentes, participando activamente en las luchas de los trabajadores y las coordinadoras interfabriles.
Las luchas de los años 70 en la Argentina con una perspectiva socialista no pudieron concretar una herramienta política (frente, partido o movimiento) que contuviera a las principales organizaciones pero, entre ellas, las diferencias políticas se saldaron sin agravios importantes. No se registran enfrentamientos militares entre ellas, como sí sucedió en otros lugares del continente. Los desacuerdos casi nunca fueron expresados como críticas públicas, hubo acuerdos, acciones conjuntas, diálogos y silencios.
Es probable que las características de las izquierdas que hegemonizaron los intentos revolucionarios durante esos años hayan determinado esa falta de sectarismo, que se prolongó posteriormente en la lucha por la liberación de los detenidos y por la aparición de los desaparecidos y desaparecidas. En la Argentina de los 70 y los años posteriores, organizaciones de DDHH y las organizaciones políticas con vocación revolucionaria, reivindicaban a todos los presos políticos y pedían por la aparición con vida de todos los desaparecidos. Tampoco hubo lugar para el macartismo. En el peronismo, esa lacra fue siempre una manifestación de las corrientes de derecha como el Comando de Organización, la CNU, la Juventud Peronista de la República Argentina (más conocida como Jotaperra) y la Juventud Sindical (que respondía a Rucci).
Esa relativa armonía se trasladó a las cárceles. Alguna vez, entrevistando a una compañera de las FAP-PB que estuvo presa en Devoto, me comentó que entre las presas siempre hubo compañerismo, aunque las detenidas de su organización se llevaban mejor con las "perras" (presas del PRT- ERP), que con las "montos".
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