Habermas después de Gaza
Su defensa del criminal ataque del régimen israelí contra Gaza, que sólo se menciona de pasada en los medios, debería considerarse la culminación del proyecto intelectual de Habermas
El sábado, 14 de marzo, falleció a los 96 años Jürgen Habermas, el célebre filósofo alemán vinculado a la Escuela de Fráncfort. Se han escrito ya numerosas necrológicas sobre su figura. En algunas de ellos se ha mencionado la declaración de Habermas en defensa del criminal ataque del régimen israelí contra Gaza. Por lo general, se hace de pasada. Quienes suelen apoyar, o al menos admirar, sus revisiones de la Teoría Crítica, lo califican de incidente desafortunado, una de las "muchas decisiones políticas malas", "un error de juicio". Quienes admiran menos su obra lo ven, por ejemplo, como sintomático de tendencias teóricas que «deberían considerarse la culminación del proyecto intelectual de Habermas». En lo que sigue le presto a esa declaración la atención que merece: la atención que, tres años después del inicio del genocidio y en un mundo transformado por Gaza, exige.
El 13 de noviembre de 2023, Habermas firmó una declaración titulada «Principios de solidaridad», en la que calificaba el ataque de Israel contra Gaza de «justificado en principio». Los firmantes --Nicole Deitelhoff, Rainer Forst, Klaus Günther y Habermas-- afirmaban que «los criterios de juicio se desvanecen por completo cuando se atribuyen intenciones genocidas a la actuación de Israel». No precisan exactamente cómo se justificó el ataque de Israel, ni en qué principios se basó. Por supuesto, no existe ningún fundamento jurídico para el ataque: de acuerdo con el Derecho internacional, un ocupante no tiene derecho a la «autodefensa» frente al pueblo ocupado (por el contrario, existe el derecho a la resistencia armada contra la ocupación).
La declaración da a entender que la atribución de intenciones genocidas no sólo resulta injustificada, sino inaceptable. Según Habermas y sus cofirmantes, esta atribución corre el riesgo de promover el antisemitismo y pone en tela de juicio el «derecho a existir» de Israel, que merece una protección especial en Alemania. La declaración da carta blanca a la agresión israelí, resta importancia a la colaboración de Alemania en el ataque contra Gaza y considera que ambas cuestiones son de importancia primordial para Alemania, minimizando aún más los horrores ya cometidos, semanas después del inicio del genocidio.
La declaración fue objeto de críticas en su momento, incluso en dos cartas abiertas. No se produjo ninguna rectificación pública de la misma, a pesar de que el panorama político había cambiado a tal punto que la defensa occidental de las acciones de Israel ya no resultaba tan sostenible, y se habían registrado cambios en las posturas públicas de los gobiernos de Gran Bretaña, Francia y Canadá.
Cuando se menciona la declaración de Habermas en las necrológicas, suele ser justo al final, en un párrafo que resulta incómodo o desolador. Ya sea que la declaración se considere una aberración o la continuación de una prolongada incapacidad para acertar, acaba reafirmando lo que el autor de la necrológica piensa ya de Habermas. Si un autor considera que Habermas ha llevado la Teoría Crítica por el camino equivocado, la declaración sobre Israel es la prueba y la culminación de ello. Cuando se elogia a Habermas, la declaración, a veces ligada a sus preocupaciones sobre el rearme alemán tras la invasión rusa de Ucrania, se ve como prueba de una vida comprometida, aunque a veces se haya equivocado.
Este tipo de reflexiones, que hacen balance de la vida y la trayectoria de un pensador en su conjunto, son perfectamente legítimas en sí mismas. Dado que sin duda continuarán en otros ámbitos, ¿qué pasaría si, en lugar de intentar reintegrar (de nuevo en el pensamiento o la biografía de Habermas) o exculpar la declaración, la tomáramos por sí misma, como una intervención política en un momento y un lugar concretos? En lugar de situar la declaración en el contexto de la biografía intelectual de Habermas, situémosla en el contexto político de la situación en Gaza, en Alemania y a escala internacional, tal y como se presentaba en 2023.
Volver al momento exacto en que se pronunció esa declaración aclara por qué fue, y sigue siendo, despreciable. A mediados de noviembre de 2023, los bombardeos sobre Gaza por parte de Israel, con el respaldo militar de los EEUU, Alemania, Gran Bretaña y otros aliados europeos, ya había causado la muerte de más de 10.000 palestinos. A los pocos días del inicio del ataque, el entonces ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, declaró: «He ordenado un asedio total de la Franja de Gaza. No habrá electricidad, ni comida, ni combustible; todo estará cerrado. Estamos luchando contra animales humanos y actuamos en consecuencia».
Fue el 17 de octubre de 2023 cuando Israel bombardeó un hospital por primera vez en el curso del genocidio: el Hospital al-Ahli, en la ciudad de Gaza, el cual, por cierto, está hoy destruido en más de un 80 %. Esto constituyó una clara violación del Derecho internacional y el primer anuncio de una serie de tácticas que acabarían definiendo el genocidio: la destrucción de las condiciones necesarias para la vida, incluyendo los ataques contra el personal sanitario y la infraestructura de salud.
El 7 de noviembre de 2023, un grupo de niños celebró una rueda de prensa frente al hospital Al-Shifa, también en la ciudad de Gaza, para exigir el fin del ataque contra Gaza: «Desde el 7 de octubre, nos hemos enfrentado al exterminio, a los asesinatos y a los bombardeos sobre nuestras cabezas, todo ello ante los ojos del mundo». En el momento de la rueda de prensa, ya habían perdido la vida más de 4.000 niños palestinos. El hospital Al-Shifa sería, en la primavera de 2024, escenario de un asedio de dos semanas, el segundo al que se veía sometido; el primero tuvo lugar apenas unos días después de la rueda de prensa de los niños. Al final del asedio de 2024, se encontrarían fosas comunes con los cadáveres de los asesinados con los goteros intravenosos aún conectados.
Lo que había ocurrido hasta noviembre de 2023 ya era indefendible. La trayectoria genocida era evidente. En diciembre de 2023, Sudáfrica presentó una demanda ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) alegando genocidio, basándose en las pruebas de los meses anteriores. Una resolución provisional, dictada en enero de 2024, ordenó la prevención del genocidio y determinó que los palestinos tienen derecho a ser protegidos contra el genocidio. Esto no detuvo el genocidio. Tampoco detuvo el negacionismo persistente, fanático y genocida entre la élite alemana, acompañado de intentos de reprimir cualquier muestra de solidaridad con Palestina y los palestinos. Habermas no cambió públicamente su postura.
En noviembre de 2023, por tanto, la descarada violación de las leyes y convenciones por parte de Israel y la magnitud de las muertes ya eran muy evidentes. Esto fue posible, tanto política como militarmente, gracias al apoyo de los aliados del régimen israelí. El genocidio, cuando se analiza desde una perspectiva internacional, se caracteriza por dos dinámicas clave: en primer lugar, el alcance con el que se difundió al mundo entero la información sobre lo que estaba ocurriendo; y, en segundo lugar, la base internacional del genocidio, es decir, el grado de implicación activa de los países aliados en el armamento o el apoyo de cualquier otro tipo a las actividades de Israel. El hecho y la naturaleza de la colaboración no se ocultaron, sino que se llevaron a cabo a la vista de todos.
Alemania ha sido un importante proveedor militar de Israel. Entre 2020 y 2024, suministró el 30% de las armas de Israel. Después de los EEUU, es el segundo mayor proveedor militar de Israel. El volumen de exportaciones militares autorizadas de Alemania a Israel aumentó a partir de octubre de 2023: se multiplicó por diez con respecto al año anterior, pasando de 32 millones de euros a 326,5 millones de euros. En 2023, en otoño sólo se habían autorizado 38,5 millones de euros. El resto llegó una vez que el genocidio ya estaba en marcha, con créditos del gobierno alemán que, de momento, Israel no ha pagado.
El Gobierno federal estableció un mecanismo para agilizar los suministros militares y el suministro de armas continuó durante todo el genocidio. Durante un breve periodo entre agosto y noviembre de 2025, se suspendieron las nuevas licencias de exportación, pero Alemania siguió siendo un importante apoyo militar de Israel.
Al inicio del asalto de Israel a Gaza, todas y cada una de las condiciones que los autores de la declaración establecen para que el ataque se considere justificado en principio --proporcionalidad, prevención de víctimas civiles y la conducción de una guerra con perspectivas de paz futura-- ya se habían violado.
En el debate que siguió a la declaración, se hizo mucho hincapié en la capacidad de reacción de Alemania y de los alemanes ante la posibilidad de un resurgimiento del antisemitismo. Se sugiere que la historia de Alemania confiere a los alemanes tanto una capacidad especial como una responsabilidad especial para identificar y prevenir el antisemitismo. Habiendo asumido su pasado, es capaz de cumplir con sus obligaciones, que se consideran estrechamente relacionadas con el apoyo a Israel.
Aparte de las sólidas razones para cuestionar si el apoyo a Israel es el medio adecuado para asumir esta responsabilidad --entre otras cosas, porque confunde Israel con la identidad judía y, sobre todo, porque implica respaldar un proyecto colonialista y un régimen de apartheid--, ¿debemos mostrarnos tan crédulos respecto al proceso de redención de Alemania y al grado en que una culpa y una responsabilidad bien gestionadas son los únicos o principales motores de la colaboración de la nación en el genocidio actual?
Desde el final de la II Guerra Mundial, se han dado varios factores que podían impulsar el apoyo a Israel por parte de Alemania Occidental y, tras la reunificación, de la República Federal de Alemania: cambiar la reputación internacional de un Estado deshonrado, derrotado y sin poder, y desviar la atención de la continuidad de la élite de Alemania Occidental con la Alemania nazi; profundizar las alianzas con un antiguo enemigo y nuevo actor de poder global, los EEUU, las rivalidades de la Guerra Fría, intereses comerciales directos, y nuevos y viejos imperialismos.
Tras el fin de la Guerra Fría, Alemania ha demostrado ser un aliado útil para el imperio norteamericano; fue el tercer contribuyente militar más grande en la invasión militar multilateral liderada por los EEUU en Afganistán entre 2002 y 2014 (en la que Occidente terminó derrotado), y apoyó, a través de bases estadounidenses como la de Ramstein en el sur de Alemania, el programa de «entregas extraordinarias» (secuestros y torturas de supuestos 'terroristas') de la CIA. Más que una prueba de virtud nacional-cultural aprendida gracias al mal anterior, o incluso de un vicio comprensible derivado de buenas intenciones, el apoyo alemán a Israel está impulsado por una serie de consideraciones aparte que son más sórdidas.
La cercanía de Alemania a Israel se mantuvo a lo largo de todo el genocidio. Además del suministro de armas, Alemania apoyó al régimen de Netanyahu en el caso presentado ante la Corte Internacional de Justicia por Sudáfrica. A mediados de marzo, Alemania retiró su respaldo, ya que continuar con ese apoyo corría el riesgo de poner en peligro otro caso al que se enfrenta --interpuesto por Nicaragua-- por la ayuda política, militar y financiera alemana en el genocidio. Los intentos de silenciar la disidencia e ilegalizar las protestas no fueron exclusivos de Alemania, pero el fervor con el que se llevaron a cabo, la amplitud de la represión y el grado en que el establishment --los medios de comunicación, parte del mundo académico-- participó con entusiasmo en la represión resultaron, sin duda, singulares.
Alemania tomó medidas para prohibir el lema «desde el río hasta el mar, Palestina libre será». Las protestas por toda Alemania se caracterizaron por la violencia policial y la injerencia del Gobierno en los intentos de criticarla: la ministra federal de Educación, Bettina Stark-Watzinger, consideró recortar la financiación del personal académico que se habían pronunciado en contra de la violencia policial contra los estudiantes que se manifestaban.
En lugar de situar la declaración de noviembre de 2023 en el contexto de la controvertida historia de la Teoría Crítica, o de la trayectoria intelectual de Habermas, podemos considerarla como parte de la respuesta del establishment alemán a un genocidio incipiente que ese mismo establishment estaba ya apoyando; vista así, parece menos aberrante. Cuando todos cantan siguiendo la misma partitura, lo más probable es que la canción sea la misma.
A los lectores puede parecerle injusto considerar esta declaración al margen del contexto del resto del pensamiento de Habermas, pero situarla de nuevo en el contexto de noviembre de 2023 logra lo que la declaración no hace: reconoce que los palestinos de Gaza están en el centro de los acontecimientos, que son víctimas de un genocidio y que lo que le exigen al resto del mundo es justicia.
Quizás algunos lectores sigan sintiéndose incómodos. Quizás una declaración, realizada ya en una etapa avanzada de la vida, no deba utilizarse para condenar a quien la emite, independientemente de su contenido. Sin embargo, sin duda ha de haber límites a esto. Se pueden trazar líneas divisorias. Al omitir la condena del bombardeo ya desproporcionado de Gaza y de las probables violaciones del Derecho internacional, al mostrar complacencia ante lo que podría estar por venir y centrarse en lo que esto significa dentro de Alemania, en lugar de hacerlo en el alcance de la participación de Alemania en los bombardeos, la declaración inspiró y debe inspirar horror.
Habermas no es, desde luego, el primer filósofo en tener lo que eufemísticamente se denomina un «legado complejo». De hecho, su carrera temprana estuvo marcada por una intervención pública --una de las muchas que haría sobre una amplia gama de cuestiones políticas-- sobre el legado de Heidegger. Habermas, en su artículo de 1953 en el Frankfurter Allgemeine Zeitung titulado «Pensar con Heidegger contra Heidegger», criticó la publicación sin modificaciones de las conferencias de Heidegger de 1935, que incluían, por tanto, las observaciones sobre la «verdad y grandeza internas» del nazismo. Habermas escribía que no le preocupaba Heidegger «el filósofo, sino la influencia política que emanaba de él», lo que las conferencias suponían en un contexto concreto, los efectos que podrían tener en los estudiantes. El Habermas que hace declaraciones puede abordarse junto al Habermas filósofo.
La declaración de Habermas debería inquietarnos. Tanto ella como la forma en que se ha abordado en la conmemoración de Habermas deberían suscitar una serie de preguntas, especialmente entre los académicos de los países cómplices del genocidio. No es algo que deba pasarse por alto o ignorarse. Estas preguntas deben abordarse con la seriedad que merecen, dada la importancia de esta declaración, de lo que significó y significa tras lo ocurrido en Gaza.
La seriedad no significa que estas preguntas deban plantearse y responderse en el modo académico habitual --largos debates, atención obsesiva a los detalles--, aunque eso, sin duda, está por llegar. Sin ser prescriptivos sobre el modo de rendir cuentas, podemos decir que, hasta ahora, no ha habido prácticamente ningún tipo de rendición de cuentas. Lo que debe tenerse seriamente en cuenta, en lugar de abordarse de pasada, es el legado de silencio y complicidad que ha dominado a gran parte de la clase dirigente occidental, incluida en particular la élite alemana, durante el genocidio.
Tras la muerte de un pensador, no es raro que se produzca una avalancha de adoración. La adoración tiende a nublar el juicio. Cuando la niebla de los elogios se disipe, tal vez podamos comprender a Habermas en su contexto intelectual. ¿Significa su declaración, por ejemplo, que el resto de sus ideas están relacionadas con la negación del genocidio? ¿Con el imperialismo? Si es así, ¿cómo deberían abordarse? ¿Qué, si es que hay algo, se puede extraer de Habermas tras esta declaración? ¿En qué situación queda la tradición de la Teoría Crítica, especialmente la Escuela de Fráncfort? ¿Qué tipo de entornos --instituciones y culturas-- pueden generar una declaración como esta y luego ignorarla o restarle importancia?
La declaración de Habermas de 2023, realizada sobre los cadáveres de miles de palestinos, cuando ya sonaban las alarmas de violaciones del Derecho internacional y los niños ya suplicaban al mundo a través de retransmisiones en directo que les dejaran vivir, puede entenderse con bastante claridad: como una expresión de solidaridad con los perpetradores de un genocidio por encima de sus víctimas.
El mundo ha cambiado a raíz del genocidio. La declaración de Habermas suponía una negativa a mirar el mundo tal y como era, o tal y como aquello en lo que se estaba convirtiendo. Si es tabú hablar mal de los muertos, aquí solo he intentado hablar de aquellos muertos que, en el duelo público por el filósofo público más famoso de Alemania, son ignorados.
Parapraxis, abril 2026. Traducción: Lucas Antón para Sinpermiso.







