La respuesta rusa a la estrategia de dominación de EE.UU. en el Cáucaso
[Traducido del portugués para La Haine por Miguel Urbano Rodrigues] Georgia, armada por los EE UU, inició una guerra criminal contra un pequeño pueblo, actuando como instrumento de grandes transnacionales petroleras.
(Foto: La Haine)
Una gigantesca campaña de desinformación fue montada con el objetivo de imponer a la opinión publica mundial una versión falsa de los acontecimientos del Cáucaso
La agresora, Georgia, es transformada en víctima y Rusia criminalizada y amenazada por haber intervenido en defensa de Osetia del Sur.
Los hechos que están en el origen de la crisis no pueden sin embargo ser apagados por la deformación de la historia
El 7 de Agosto el ejercito de Georgia invadió Osetia del Sur y cometió allí, por ejemplo en el bombardeo de Tskinvalli, la capital de la pequeña república autónoma, actos de barbarie que provocaron casi 2000 muertos y el éxodo de decenas de miles de vecinos.
Soldados y oficiales rusos de la fuerza de estabilización internacional presente en el territorio con el aval de la OSCE fueron abatidos durante la agresión
El gobierno de Moscú respondió al pedido de ayuda del gobierno de Osetia del Sur enviando fuerzas militares para expulsar a los invasores. Esas tropas, durante la operación, penetraron en territorio de Georgia y se mantuvieron allí para acelerar las negociaciones tendentes a garantizar una paz real en la región. Ambigüedades en el texto del Acuerdo firmado permitieron actitudes desafiantes del presidente Saakashvili de Georgia que motivaron algún retraso en la retirada del contingente ruso.
La campana anti-rusa de inversión de la historia prosiguió mientras tanto, agravada por la participación del presidente Bush, de la secretaria de Estado Condoleezza Rice, de la canciller alemana Angela Merkel y de otros dirigentes de la Unión Europea.
Los viajes a Tbilisi de Condoleezza y Merkel, su apoyo ostensivo al gobierno de Saakashvili, y la renovación de las promesas de integración de Georgia en la OTAN justifican el temor de que los EEUU, con el apoyo de la Unión Europea, utilicen la crisis en el Cáucaso, en el ámbito de su estrategia para el Oriente Medio, para una confrontación con Rusia. No es una casualidad que los grandes media estadounidenses agiten de nuevo las banderas de la guerra fría.
El presidente Bush echó leña en el fuego al usar un lenguaje agresivo e intimidatorio cuando relacionó su «exigencia» de inmediata retirada de las tropas rusas con la declaración de que Washington considera Osetia del Sur parte inalienable del territorio georgiano. Un viraje de 180 grados en el discurso de defensa de la independencia del Kosovo.
Es improbable que el ocupante de la Casa Blanca, cuya cultura histórica y geográfica es muy pobre, sepa que el idioma más hablado hoy por los osetas del Sur es el ruso y que la pequeña república decidió proclamarse independiente en 1992 –opción confirmada por el referendo de 2006 – declarando nula su integración en Georgia.
Recuerdo que fue por una decisión administrativa en la época de Stalin que Osetia del Sur fue separada de su hermana Osetia del Norte. Las consecuencias de la medida fueron entonces políticamente mínimas –tal como la integración de Abkhasia en Georgia - porque esos pueblos caucásicos eran parte del gran cuerpo de la Unión Soviética.
Sin embargo, desaparecida esta, osetas del sur y abkhazes, después de la independencia de Georgia, han expresado inmediatamente su deseo de poner termino a la relación de dependencia que les había sido impuesta.
La opción de ambos por la independencia surgió como prologo a una futura integración en Rusia, deseada por la gran mayoría de la población. Tbilisi respondió con medidas represivas permanentes que culminaron ahora con la brutal invasión de Osetia del Sur.
Significativamente, en plena crisis caucásica, Polonia firmó el acuerdo relativo a la instalación de misiles de los EE UU en su territorio (el llamado «escudo anti-misil) gesto que motivó una inmediata y firme protesta del presidente Dmitri Medvedev, que identificó en el una grave amenaza a la seguridad de Rusia. Tan evidente que los grandes diarios estadounidenses subrayaron tratarse de una extraña coincidencia de fechas.
Es difícil por ahora evaluar el nivel de complicidad de los EE UU en la agresión de Georgia a Osetia del Sur.
El Consejo Portugués para la Paz y la Cooperación llamó la atención, en oportuno comunicado (odiario. Info, 16. 08. 2008) para los compromisos asumidos por Tbilisi en los acuerdos que han precedido a la construcción del oleoducto que comunica Baku, en Azerbaijan, con el puerto turco de Ceyhan. Esa obra, el BTV, que atraviesa Georgia, fue hecha por un grupo de transnacionales petroleras bajo la dirección de la British Petroleum-BP, principal accionista.
Es útil recordar que el proyecto fue concebido durante la Administración Clinton con la aprobación del ex-presidente. Los gigantes petroleros firmaron entonces acuerdos con las repúblicas de Asia Central ricas en petroleo, principalmente Turquemenistan, Kazaquistán y Uzbedquyistan, con salida para el Caspio. Como los oleoductos existentes pasaban todos por territorio ruso, Washington y Londres decidieron construir el BTV con inicio en Baku, en Azerbaijan.
Clinton sintió la necesidad de armar a Georgia. Bush, posteriormente, reforzó la alianza con Tbilisi, identificando en Saakashvili –un presidente que en su propio país habla en ingles en solemnidades publicas- al mas fiel aliado en la Región, y firma acuerdos militares con el país atravesado por el BTC. Se desconoce la cantidad de los armamentos entregados, pero los especialistas admiten que su valor excedió los 500 millones de dólares. Fueron esas armas que el ejercito de Saakashvilki utilizo ahora en la agresión a la minúscula y pacifica Osetia del Sur.
No hay mentiras que puedan invertir la realidad
Georgia, armada por los EE UU, inició una guerra criminal contra un pequeño pueblo, actuando como instrumento de grandes transnacionales petroleras. Rusia, ya amenazada por la instalación de misiles de los EE UU en el área báltica, tiene conciencia de que la amenaza se perfila también en el Sur. Y reaccionó defensivamente.
Rusia es hoy un país capitalista. Putin y Medvedev actúan en defensa de intereses nacionales, incompatibles con los del imperialismo estadounidense.
En los choques en evolucione en el Cáucaso, el discurso agresivo y demagógico bushiano se inserta en una peligrosa estrategia de desesperación que configura una amenaza a la humanidad.
Responsables por dos guerras perdidas, en Iraq y Afganistán, los Estados Unidos, incapaces de encontrar soluciones para la crisis estructural del capital, se comportan como un Estado parásito que consume ya mucho más que lo que produce (el déficit comercial va a superar este año los 900 mil millones de dólares). La opción por el saqueo del Tercer Mundo y por guerras criminales encamina la nación a un desenlace trágico.
Vila Nova de Gaia, 19 de Agosto de 2008.
odiario.info







