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Europa :: 08/03/2006

Un millón de personas se movilizan en Francia contra el plan de reforma laboral del gobierno

Agencias
Masiva huelga contra el empleo precario en Francia. La iniciativa supone hasta dos años de impunidad para el empresario que quiera prescindir del empleado menor de 26 años. El nuevo tipo de contrato no sólo permitirá a las empresas despedir a los jóvenes sin pagar indemnización sino que aumentará los beneficios patronales ya que los empleadores no tendrán que pagar las cargas sociales de un contrato tradicional

Una impresionante huelga se llevó a cabo ayer en Francia para decirle "No" a las nuevas medidas laborales adoptadas por el primer ministro Dominique de Villepin. Un millón de personas, sobre todo estudiantes y obreros, marcharon para intentar obligar al Gobierno francés, hasta ahora inflexible, a dar marcha atrás con una reforma que permitirá el despido, sin indemnización ni motivos, durante los primeros dos años de contrato, de los empleados menores de 26 años, en empresas de más de 20 trabajadores.

Los principales sindicatos y los partidos de la oposición de izquierda concentraron su protesta contra el gobierno en las más de 200 manifestaciones en todo el país, que afectaron el transporte público, obligaron a cancelar vuelos en varios aeropuertos e interfirieron en la distribución del correo.

En París, la huelga y la falta de transporte, sobre todo de autobuses, se tradujo en unos Campos Eliseos vacíos y en un poco habitual Arco de Triunfo sin tránsito. Ocurrió lo mismo en las provincias: Marsella, Lyon, Toulouse y Nantes sufrieron fuertes perturbaciones en los transportes públicos. El edificio principal de la Universidad de la Sorbona cerró después que los estudiantes bloquearan la entrada. Los manifestantes congestionaron además el Metro de la capital e invitaron en cada parada a los usuarios a sumarse a los manifestantes.

La jornada de ayer es la segunda convocada por los principales sindicatos franceses y organizaciones universitarias que calculan que más de un millón de personas se sumaron a lo largo del día a las manifestaciones. La primera jornada de protesta se produjo a principio de febrero y en aquella ocasión unos 300.000 manifestantes salieron a las calles para decirle "No" al llamado Contrato de Primer Empleo o CPE que se encuentra prácticamente aprobado y al que sólo le falta un trámite parlamentario para entrar en vigencia.

El primer ministro Dominique de Villepin volvió a defender ayer en la Asamblea Nacional esta iniciativa, supuestamente destinada a "luchar" contra el paro juvenil, que supone hasta dos años de impunidad para el empresario que quiera prescindir del empleado menor de 26 años. El nuevo tipo de contrato no sólo permitirá a las empresas despedir a los jóvenes sin pagar indemnización sino que, además, aumentará los beneficios patronales debido a que los empleadores no tendrán que pagar las cargas sociales de un contrato tradicional.

Sarkozy y la patronal piden más flexibilidad

La izquierda -unida en la oposición pero en las propuestas alternativas- se ha encontrado una bandera para desastar a Villepin que baja en los sondeos de popularidad -un 33%, según el publicado el pasado fin de semana- y arrastra con él al ministro del Interior y presidente del principal partido de centro derecha, Nicolas Sarkozy, muy discreto sobre un asunto que considera se podría profundizar.

Una discreción que comparte con la patronal, el MEDEF, que no se muestra entusiasta y reclama un contrato único aún más flexible. También la que agrupa a las pequeñas y medianas empresas muestra su rechazo y propugnan una extensión de los contratos de aprendizaje que le exoneran de las cargas sociales.

Pese a la movilización, el primer ministro, Dominique de Villepin, se mantiene firmemente apoyado por las patronales y por la mayoría absoluta de la que goza en el parlamento. Algunas garantías podrían ser añadidas pero no piensa modificar el contrato en sí, que establece un período de prueba de dos años para acceder a un puesto fijo, durante los cuales el joven puede ser despedido sin justificación alguna. Un mecanismo que es percibido como una mayor precariedad laboral por parte de la mayoría de los franceses: dos de cada tres apoyan la jornada de movilización.

 

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