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28/11/2017 :: Bolivia

[Vídeo] Insurgentes

x Jorge Sanjinés
Largometraje de 2009 del famoso y comprometido director boliviano Jorge Sanjinés, que apuesta al rescate de la historia no oficial de Bolivia

Una historia que pretende convertir en la oficial del Estado Plurinacional de Bolivia, que se forma a partir del movimiento que lleva a Evo Morales al poder. Vencedores vencidos.

Jorge Sanjinés despierta en la pantalla a los fantasmas insurgentes que a lo largo de la historia de su país han levantado las banderas de Libertad e Independencia. Y lo hace “en reversa”, yendo hacia atrás en el tiempo, llegando hasta La Paz sitiada infructuosamente luego de más de cien días, en 1781, por Tupac Katari, junto a su mujer Bartolina Sisa y su hermana Gregoria Apaza.

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El modo de representación elegido por Sanjinés, es el de la reconstrucción histórica ficcionalizada. Con un impactante despliegue de producción, con un puntilloso trabajo de vestuario, en las escenografías naturales del altiplano boliviano (inmensos paisajes cubiertos de viento y silencio). Y Respetando la búsqueda que comenzó con Ukamau (1966), en pos de una identidad cultural boliviana, a través de la actuación de no-actores moradores del altiplano, y el uso del idioma aymara en los diálogos. Incluso, el intento de plasmar la cosmovisión andina (de tiempo circular, y de protagonistas colectivos, y no individuales) a través del lenguaje cinematográfico.

Reaparecen ante la historia, las vidas y las luchas de Zárate Willca, Santos Marca Tula, los soldados que volvieron de la Guerra del Chaco, el Presidente Gualberto Villarroel, o los caciques guaraníes Apiaoeki Tumpa y Cumbay. Y también de Eduardo Nina Quispe, el pionero de la educación indígena que fuera asesinado por las fuerzas militares.

Las imágenes que narran momentos de enfrentamiento tienen poco o nulo diálogo, excepto cuando vemos a un grupo de blancos reunidos, a quienes Sanjinés les da voz propia para expresar su desprecio hacia los indios.

El anclaje del sentido queda a cargo del mismo Sanjinés, quien relata con su propia voz en off cada momento histórico recreado en la pantalla. Es un texto que nos introduce en los enfrentamientos históricos de los pueblos, y las históricas injusticias que han debido enfrentar. Esa voz encarna el espíritu insurgente, recuperando un relato de la historia que se enfrenta al hegemónico, desde el que pretende construir una Patria sin deudas con sus pueblos originarios.

El momento de mayor extrañamiento poético es justamente el cruce que se produce entre los insurgentes del pasado y Evo. Un teleférico, que con su modernidad refleja los albores de una nueva Bolivia, es el escenario donde Eduardo Nina, Tupac Katari, Bartolina Sisa y Villarroel, se cruzan con la mirada del presidente del Estado Plurinacional. Un cruce temporal-espacial solo posible cinematográficamente, que condensa, como metáfora, la responsabilidad actual de Evo Morales de seguir adelante con un proceso que hunde sus raíces en la resistencia de siglos anteriores.

Algunos críticos han señalado que Sanjinés no hace más que justificar la ideología oficial del presidente Evo Morales e intentar construir la historia al revés, es decir, en vez de explicar el presente desde el pasado, construir el pasado desde el presente. Pero acaso, ¿no es la propaganda política siempre un contenido esencial de toda obra de arte? En todo caso, se trata de un interesante ejercicio de antropología y una muestra de la reacción popular, más o menos dirigida por determinados intereses, de los pueblos latinoamericanos, en concreto el boliviano, contra la pérdida de su identidad y su historia tras la conquista y genocidio español y, después, la injerencia del imperialismo norteamericano.

Se echa de menos, eso sí, alguna cita a un importante episodio de Bolivia que Sanjinés no toca: la guerrilla dirigida por el Ché Guevara en 1967 a la que se unieron  ciudadanos cubanos, bolivianos, peruanos y argentinos, haciendo  un total de 47  combatientes de los que el nombre de Tania sobresale por haber sido la única mujer, y que se identificaron con el nombre de Ejército de Liberación Nacional de Bolivia (ELN). Estaban respaldados por  una red de apoyo especial, que no combatía de forma armada, su trabajo era mas bien el mantenerlos informados y alertarlos si era necesario. De hecho, la muerte del Ché en Bolivia luchando contra el capitalismo local y el imperialismo puso el nombre de Bolivia en boca del mundo entero y, a pesar del fracaso, dio un empujón importante a la lucha del pueblo boliviano por dirigir su propio destino. [NdeLH: Quizás el director lo hizo así porque, siendo el del Che un episodio por demás conocido, no considero necesario quitarle tiempo y metraje a otras historias insurgentes menos conocidas].

moscovita.org / diario-octubre.com

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