Argentina: Nuestra visión
Golpes
Parece que hubieran pasado años, desde la elección nacional que encumbró a Cristina Fernández con el 54% de apoyo electoral.
Como señalamos en ediciones anteriores, el consenso político y social del gobierno y la recuperación de las instituciones estaban determinados fundamentalmente por el ciclo de auge económico local, que en el marco de la crisis global, tenía fecha de vencimiento.
Lo particular de la situación es que “el modelo” parece pudrirse mucho antes de lo estimado y con él, el consenso logrado por la clase dominante.
La persistencia de conflictos sociales, al calor del deterioro del salario real, como la lucha en Chubut de un sector independiente de trabajadores de la construcción, “los dragones”, es resultado del agotamiento de la política económica y el efecto inevitable de la crisis global.
Pero esta creciente combatividad de los trabajadores tiene dos aspectos en los que es necesario detenerse para comprender las posibles tendencias en la situación política a corto plazo. Uno de los aspectos es el comienzo de la ruptura del gobierno con los trabajadores, esto es la partida de defunción del pacto social que alimentó gran parte del consenso.
El primer paso de esta ruptura fue el ataque presidencial a los docentes, recordemos el discurso de Cristina Fernández sobre las cuatro horas y los tres meses de vacaciones, seguido por el intento de techo a las paritarias y coronado con la actual disputa con Hugo Moyano.
Esta parcial ruptura está determinada por el fin de los márgenes económicos para sostener el pacto social, más que por una decisión política, o mejor dicho la decisión es inclinarse por sostener las ganancias del capitalismo serio.
El otro polo de la contradicción es que, en el marco de la creciente crisis, con la experiencia de luchas de las últimas décadas, sectores cada vez más amplios de la clase obrera pueden tomar un camino independiente.
Es decir, romper con las dirigencias burocráticas o incluso impulsar la creación de nuevos sindicatos (Subte, SITRAIC).
Por eso el intento gubernamental de dividir al sindicalismo y debilitar a los burócratas, hasta ayer aliados, es un arma de doble filo que debilita el muro de contención de la burocracia sindical y potencia el desarrollo de un sindicalismo de base, por ahora incipiente. Esta situación obliga también a los dirigentes gremiales a tomar medidas de lucha para canalizar la presión de las bases, como el caso de los ultras oficialistas Yasky-Baradel, agudizando más el deterioro institucional.
Ruleta rusa
El fantasma del golpe en Paraguay le vino como anillo al dedo al gobierno para fortalecer su relato sobre conspiraciones destituyentes.
Más allá de la inexistencia de conspiraciones golpistas, no hay intenciones en ninguna fracción de la clase dominante local, ni del imperialismo, de sacarse de encima a un gobierno que garantiza por sobre todo los negocios del capital.
Pero lo que estas permanentes alusiones a golpes dejan entrever es que la recuperación de la institucionalidad burguesa tiene hoy, la misma consistencia que el modelo económico.
La pública embestida del kirchnerismo contra Scioli, “mientras Buenos Aires no logre tener un gobernador que sea parte de la historia política de la provincia" persistirán los problemas financieros”[1], tiene causas más profundas que las aspiraciones presidenciales del ex motonauta.
El problema es quién paga el costo de una crisis que probablemente debilitará a los actuales administradores para el 2015, pero que también puede crear enormes conflictos hoy.
El objetivo del gobierno nacional parece ser el de salvar a la reina, es decir que la presidente salga ilesa del creciente conflicto social.
Algo muy difícil a esta altura que la crisis llegó al conurbano, que sigue siendo la principal caja de resonancia nacional. Ningún gobierno sale inmaculado de una agudización de las luchas sociales en el principal distrito del país, intentarlo es como jugar a la ruleta rusa.
El contexto
La particularidad de la situación económica local debe entenderse como producto inseparable de la situación regional y mundial.
En el actual desarrollo del capitalismo la imposibilidad de desacoples o desarrollos regionales ajenos a la crisis es reconocida hasta por los más duros publicistas del modelo,” un trabajo de la consultora ACM opina que a pesar de que se mantienen algunos elementos particularmente positivos para nuestro país, el contexto internacional sigue siendo muy vulnerable y ya se observa una clara desaceleración de la actividad, no sólo en los países desarrollados, sino también en los emergentes”.[2]
El freno de la economía brasileña es padecido principalmente por las ramas de la industria automotriz, cuya producción está destinada a la exportación a este país
El alto precio de las comodities es insuficiente para las necesidades de la economía argentina.
Esto pone de manifiesto problemas estructurales como la profundización de un modelo extractivita y dependiente, el sector agropecuario y las cadenas agroindustriales aportan el 13% del PIB, el 55,8% de las exportaciones. [3]
En lo concreto esto significa despidos, suspensiones y deterioro salarial o violentas quitas como el aguinaldo fraccionado en la provincia de Buenos Aires.
En los últimos meses la cantidad de afiliados de la UOCRA pasó de 500 mil a 425.000, en siete meses 75.000 obreros se quedaron sin trabajo [4]
Este proceso se está sufriendo también en gremios como metalúrgicos y automotrices, pero con el aliciente de que la construcción impulsa una serie de ramas industriales que son afectadas por el freno de esta [5]
El gobierno intenta moderar el freno con incentivos como el de los créditos para viviendas, pero la realidad es que en el mejor de los casos el estímulo rondaría en el 0.7% del PBI.
La realidad es que el boom de la construcción fue producto del ciclo de crecimiento y se debió fundamentalmente a las grandes inversiones, difícilmente suplantadas por créditos otorgados a un restringido sector de la población.
Un crecimiento económico muy bajo para el año en curso, altos niveles de inflación superiores al 20%, crisis fiscal en el Estado nacional y los Estados provinciales, dan el marco de un proceso estanflacionario y un profundo deterioro político de las expresiones de la clase dominante, que puede significar el traslado de la lucha política del marco institucional a la lucha de calles.
Sobra la experiencia en nuestro pueblo, lo que no sobra es la paciencia.
Notas
[1] Clarín 07/07/12
[2] El Economista 06/07/2012
[3] El Economista 07/07/2012
[4] La Nación 07/07/2012
[5] La producción de acero se retrajo 7,5% en mayo según datos de la Cámara Argentina del Acero ¡Por la unidad y el socialismo!







