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28/06/2022 :: Argentina, Argentina

La Unión de Trabajadores Desocupados de General Mosconi (Salta) no solo corta rutas

x Mario Hernández
A 21 años de los asesinatos de Carlos Santillán y Oscar Barrios

El pasado 17 de junio se cumplieron 21 años de la represión de Gendarmería a los piqueteros de Mosconi con francotiradores y uso de armas de guerra, ordenada por el entonces Juez federal, Abel Cornejo, actual ministro de Seguridad de Salta, donde asesinaron a los jóvenes Carlos Santillán (27) y Oscar Barrios (16) e hirieron a más de 200 manifestantes. 

La brutal represión de las Fuerzas de Seguridad Nacional fue llevada a cabo durante la presidencia de Fernando de la Rúa, el ministro del Interior, Ramón Mestre, el secretario de Seguridad Interior, Enrique Mathov, el gobernador de Salta, Juan Carlos Romero, la jefatura general de la Gendarmería Nacional, Hugo Miranda y el operativo a cargo del comandante Víctor De la Colina. 

Al cumplirse un nuevo aniversario de este luctuoso episodio, la UTD de G. Mosconi convocó a sus integrantes, organizaciones sociales, comunidades indígenas y a la comunidad en general al Acto-Homenaje que se llevó a cabo en el Monumento de las Tres Cruces a los Mártires Piqueteros, sito a la vera de la Ruta nacional 34.

En Argentina las protestas sociales contra el ajuste y sus consecuencias venían desarrollándose activamente desde la primera mitad de la década de los 90 hasta que se manifestaron con toda su potencia a fines de diciembre de 2001. 

A lo largo del período se desarrollaron varios movimientos de protesta que habían tenido como protagonistas a los pobladores de los pueblos y ciudades afectados por la política de privatizaciones de empresas del Estado.

Allí aparecía un sujeto distinto de la clase obrera organizada en los sindicatos tradicionales que estaba integrado por miles de trabajadores desocupados aunque de procedencia obrera y que desarrollaban un nuevo tipo de reclamo a las autoridades públicas: creación de puestos de trabajo y, mientras tanto, asistencia para la supervivencia bajo la forma de planes de ayuda. Su lucha no era contra el patrón individual que está en las fábricas sino contra el sistema de exclusión y desintegración social impuesto por el neoliberalismo globalizado, lo que ha hecho de los trabajadores organizados en movimientos de desocupados el primer bastión del freno a la voracidad del gran capital.

A modo de ejemplo, nos detendremos en el análisis de la Unión de Trabajadores Desocupados (UTD) de Gral. Mosconi (Salta), una de las experiencias más avanzadas a nivel local.

Un poco de historia 

La localidad de Gral. Mosconi en la provincia de Salta contaba en 2001 con 22.000 habitantes y su población económicamente activa registraba 6.000 desocupados. Sus habitantes sufrieron un fuerte deterioro social al privatizarse la empresa petrolera estatal, Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) como parte de la política privatista del gobierno de Carlos Menem. 

En 2001, un 60% de la población de Mosconi estaba desocupada, y debía sobrevivir con planes asistenciales de ayuda. La prostitución creció entre las mujeres, la lacra del alcoholismo degradó a sus hombres y muchos jóvenes encontraron en Mosconi una cárcel sin rejas. 

Nos cuenta “Pepino” Fernández, líder de la UTD: «Cuando YPF estaba acá había 95% de ocupación y ahora que vinieron los privados tenemos 60% de desocupación y 20% de subocupación».Mientras duró el dinero de las indemnizaciones entre 1993/6 la situación social se sostuvo, pero la reconversión de sus trabajadores en comerciantes o pequeños proveedores de servicios a las petroleras privadas fracasó. Y agrega: «Nosotros nunca hemos sido comerciantes, mucho menos empresarios, siempre vivimos en relación de dependencia, nomás». 

De allí que en abril de 1996, como respuesta al deterioro social, se organizó la Unión de Trabajadores Desocupados (UTD) de Gral. Mosconi. 

A fines del 2000, la UTD gestionaba 1.000 Planes Trabajar y había colocado, a través de su Bolsa de Trabajo, 1.600 personas en la industria petrolera y 450 más en trabajos agrícolas, con salarios que iban de $ 1.000 a $ 3.000, pero la UTD no sólo luchaba por las reivindicaciones de los trabajadores desocupados. También intervenía en la fijación de condiciones salariales y de trabajo para actividades como la construcción, trabajadores rurales y petroleros privados, donde los sindicatos brillaban por su ausencia o directamente traicionaban a sus representantes. 

«Los trabajadores que estaban con el convenio rural o de la UOCRA los hemos hecho pasar a los convenios petroleros de $ 250 a $ 1200/1500. Acá nosotros logramos llevar la hora en la construcción de $ 0,89 a $ 2,50», recuerda José «Pepino» Fernández. 

Este tipo de actividades nos podría llevar al error de pensar a la UTD como un nuevo tipo de sindicato. Pero no es el caso. Su representación se extiende a diversos sectores de la comunidad: «Se pide para los maestros, para el hospital, para todos, para los bomberos, para los jubilados, para los enfermos, también nos ocupamos de los estudiantes, se pide para todo el conjunto del pueblo», nos cuenta «Flaco», activista de la UTD. 

No se trata sólo de la presentación y resolución de reclamos ya que esto por sí sólo, no daría a la UTD una característica específica. Lo que distingue a este movimiento es su preocupación centrada en el desarrollo de emprendimientos productivos que pongan en marcha las potencialidades económicas de la región: «La otra vuelta se ha inaugurado una planta de ropa producto de un convenio entre la UTD y Pluspetrol y los funcionarios nos decían: ‘¿Cómo va a haber una fábrica de ropa si se están cerrando?’, y yo les respondí: ‘A mí no me importa, a mí me importa el impacto social y el impacto económico’. También hacemos reciclado de plástico que cambiamos por herramientas a las empresas petroleras.

Estamos pensando en hacer un basurero electromecánico que cuesta U$S 50.000 para reciclar plástico, aluminio, cartón, hacer abono. Cuando lo comentamos con los funcionarios políticos te miran de arriba a abajo y piensan que estás loco o, simplemente, no les conviene porque tocás todos los poderes, se supone que esto lo tienen que hacer los políticos, no nosotros, pero vos no te podés quedar en que les corresponde a ellos y no hacerlo, sino ¿qué alternativa le das a los hijos nuestros, a los que vienen atrás?», explica Juan Carlos «Hippie» Fernández, encargado de un Plan de desarrollo a 50 años de la localidad. 

Fue precisamente la falta de un proyecto político nacional y provincial que sustente el desarrollo económico-social de la localidad, lo que obligó a los referentes de la UTD a tomar tareas de administración de gobierno. 

Planificación, educación y recursos humanos 

La planificación para desarrollar los proyectos productivos ocupa un lugar central. Los estudios son realizados por la Oficina Técnica de la UTD en base a un «Plan Regulador» desarrollado por profesionales y técnicos de YPF en 1995: «Es un libro donde está todo estructurado, dónde tiene que ir el hospital, un árbol, una plazoleta, etc. En 1999, fue reformado por la UTD en base a estadísticas actualizadas. Contempla la construcción de una Ciudad Universitaria, una planta depuradora de agua y otros emprendimientos», agrega Juan Carlos «Hippie» Fernández. 

Tampoco descuidan el aprovechamiento integral de los recursos humanos existentes en la zona: «Formamos un grupo de 15 muchachos y les enseñamos a hacer los proyectos. Son estudiantes de la zona que tenían un promedio alto, pero sin horizontes, sin plata para ingresar a la Universidad», aclara José «Pepino» Fernández. 

«El Centro de Investigación y Desarrollo Agroindustrial te da una alternativa, la escuela industrial te da otra, porque si no tenés oficina administrativa, oficina técnica, gente capacitada, un buen albañil, un buen carpintero, un buen plomero, alguien que te maneje una huerta, una ladrillera, que conozca, que ponga el lomo, caso del medio ambiente, del reciclaje, sin eso, por más cosas que quieras hacer, no podés, por más que seas Mandrake» , completa Juan Carlos «Hippie» Fernández. 

Los Planes Trabajar 

«Cuando el gobierno dio los Planes Trabajar creía que íbamos a machetear, desyuyar o a barrer las calles, pero cuando vamos a discutir a Buenos Aires les digo que esos Planes son una marginación. Yo no voy a pedir Planes Trabajar, voy a pelear por lo que nosotros producimos: gas y petróleo, para que los petroleros reinviertan la plata que se llevan de acá y por las regalías petroleras, gasíferas y otras alternativas, con proyectos productivos, con propuestas más que nada», afirma Juan Carlos «Hippie» Fernández. 

Pero la implementación de estos Planes no se limita al empleo temporal en las empresas petroleras: «Hemos llegado a hacer más de 80 casas, 6 salas de primeros auxilios, comedores comunitarios, comedores escolares, etc. Están los viveros, las huertas comunes que se transformaron en granjas integrales, criamos lechones que se adaptan muy bien a la zona», agrega José «Pepino» Fernández. 

Algunas de estas iniciativas se transformarán en “cooperativas” sin alterar la dinámica de participación popular autogestiva, basada en asambleas y talleres de información y con criterios igualitarios. En este caso la forma jurídica no es más que un aspecto legal; una herramienta utilizada para dar mayor cobertura a los procesos de autoorganización de los trabajadores. 

Los cortes de ruta 

A esta altura cabría preguntarse qué lugar ocupaban los prolongados y duros cortes de ruta que habían hecho trascender a la UTD a través de la información periodística. La opinión de sus referentes aclara el verdadero lugar que ocupa esta forma de lucha y cómo se decide: 

«¿Qué te puede llevar, de última, a vos o a la gente a cortar la ruta? Esto pasa por un proceso, que reclamás ciertas cosas y no hay respuesta. Eso lleva a la gente, no a la UTD, a cortar la ruta», explica Juan Carlos «Hippie» Fernández. «Entonces, se hace una asamblea y se decide cortar la ruta» y «… la asamblea involucra a todo el pueblo», concluyen Tomás y el “Flaco”.

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