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Europa :: 29/08/2006

El único enunciado político que quedó de los incendios en París es "Quemad todo", pues no hay alternativa

Revista Laberinto
Entrevista con Victoriano Alcantud :: «Hubo un largo proceso para volver invisibles los conflictos de clase y hacer desaparecer de una vez por todas la referencia política a la clase obrera, creando en su lugar el "problema de la inmigración" y al "inmigrante" como causa de todos los conflictos y todas las desgracias que aquejan al país. Los "hijos de obreros" pasan así a ser "hijos de inmigrantes" y los "problemas obreros" a ser "problemas de la inmigración"»

Victoriano Alcantud es miembro del colectivo "Réseau d’Education sans Frontières", organización que agrupa a militantes de izquierdas y profesionales de la enseñanza en Francia que se oponen a la expulsión de los alumnos sin papeles. Entrevista realizada antes de las luchas contra el "Contrato primer empleo" (CPE)

Laberinto: Victoriano, ¿hay algún relato del inicio de la sacudida vivida en Francia?

V.A. Los hechos tienen su origen en un episodio que ha quedado sólo parcialmente aclarado. Unos adolescentes vuelven de jugar un partido de fútbol de una comuna vecina en la que las instalaciones deportivas son un poco mejores. Al pasar por una zona en obras, un vigilante llama a la policía porque cree que intentan robar (en realidad no había nada que robar). Cuando la patrulla llega los jóvenes empiezan a correr, tres de ellos (no se sabe si realmente perseguidos o que creen serlo) se meten en un transformador de alta tensión (bien señalizado) porque creen así escapar al control policial. Una descarga acaba con la vida de dos de ellos y casi con el tercero que logra escapar en muy mal estado. Entretanto una patrulla de la policía, que parece haberse dado cuenta de la intrusión de los jóvenes, no reacciona y pasa de largo sin avisar a los responsables de la instalación.

Cuando llega la noticia de la muerte de los jóvenes perseguidos por la policía, comienzan los episodios de "violencias urbanas", primero en la comuna de origen, después extendiéndose a las comunas limítrofes para ganar la casi totalidad del territorio francés. ¿Por qué unos jóvenes que no han hecho nada pueden arriesgar su vida metiéndose en una zona de alta tensión? Para entender esto hay que comprender lo que es la vida cotidiana de los jóvenes que pueblan el extrarradio de las grandes ciudades en Francia. Sobre todo la de los jóvenes franceses cuya familia inmigró hace una o dos generaciones. El filósofo Alain Badiou publicó en Le Monde una carta a propósito de estos hechos que tituló "la humillación cotidiana" en la que simplemente contaba las detenciones y humillaciones que había sufrido su hijo adoptivo de origen africano por el simple hecho de ser un adolescente de piel negra.

La vida cotidiana de la mayor parte de los jóvenes y adolescentes que pueblan los barrios sórdidos de las periferias es una vida de hastío, de falta de futuro y de continua humillación policial. La policía "de proximidad’ que fue un intento para controlar más sutilmente esos barrios por una presencia más duradera o menos "hostil" de la fuerza pública, desapareció con las nuevas orientaciones en materia de política de seguridad (en resumen: más represión y menos prevención) y lo que hay en su lugar es una presencia agresiva de patrullas que no conocen bien la zona ni sus habitantes. Patrullas formadas en su mayor parte por jóvenes policías que empiezan su carrera y que actúan como cow-boys agresivos y chuletas. Por cierto que durante los sucesos, un equipo de televisión logró mostrar un control de policía en un MacDonald sin ser visto, mostrando así las prácticas cotidianas de los "defensores del orden". Frente a esto reaccionaban los jóvenes. Y frente a la falta de compasión del gobierno ante los muertos cuyos representantes trataron a los jóvenes de criminales y de ladrones antes de conocer la realidad de los hechos.

L.: Hay un nombre de la derecha que ha acaparado protagonismo en el transcurso de los acontecimientos

V.A. La responsabilidad mayor la tiene por supuesto el bombero pirómano y ministro del interior Nicolas Sarkozy, el hombre público más peligroso actualmente de Francia y quizás de Europa. Este siniestro personaje tiene una única idea en la cabeza desde hace algunos años: llegar a ser presidente de Francia sea como sea. Para esta ambición utiliza cualquier factor que él crea que le pueda servir. Su política en realidad carece de lógica y puede parecer a veces contradictoria, en realidad utiliza una técnica que consiste en contentar a casi todo el mundo, en función de los sondeos de opinión del momento. Pero sobre todo contentar a su electorado de origen, la derecha conservadora más o menos dura, o la derecha sociológica que él mismo se encarga de asustar para presentarse después como el "hombre providencial" que arreglará cualquier problema.

Pero también está intentando atraerse a los electores de la extrema derecha, cuyos límites políticos se vieron en las últimas elecciones presidenciales. Si el país no duda en rechazar el peligro abiertamente fascista, podría aceptar a un populista camaleón. Lo que ocurre ahora no es sino el fruto de la nefasta decisión de apoyar en la segunda vuelta de las elecciones al candidato Chirac, desprestigiado entonces al máximo, y al que se le concedió un cheque en blanco para realizar la política ultraliberal de estos últimos años: deterioración de los servicios públicos, sobre todo la sanidad (los hospitales públicos están en una situación catastrófica al borde de la explosión) y la educación (reformas vinculadas a la descentralización y al estatuto del personal, abandono de los centros escolares en las zonas difíciles, reducción de personal, etc); reforma de la ley de pensiones, reforma fiscal, reforma de la seguridad social, abandono de la investigación científica pública, etc.

La situación de malestar que vive la sociedad francesa en su totalidad está siendo recuperada pues por Sarkozy, que ha logrado entretanto hacerse con el aparato del partido (la UMP el partido fabricado por Chirarc para mantenerse en el poder y que se le ha escapado de las manos) del que es presidente. Son sus actuaciones chulescas en los extrarradios (a la imagen de su policía), a los que se desplaza para insultar a los jóvenes y prometer limpiezas drásticas de la "escoria" (que no tiene en realidad los medios materiales para llevar a cabo) los que inflaman a los jóvenes. Por supuesto el ministro del interior utiliza todas las amalgamas preferidas de la extrema derecha que se declinan: inmigración = criminalización = paro, etc. Pero si Sarkozy puede llevar adelante esta política no es sólo porque exista una extrema derecha sociológica y bien presente en Francia. La responsabilidad de lo que pasa actualmente es fruto de las políticas de la totalidad de los partidos parlamentarios desde hace décadas.

L.: ¿Estás haciendo alusión al peso de la historia francesa?

V.A. Por supuesto, para entender lo que pasa habría que retroceder al pasado colonial de este país que todavía no ha hecho su desastroso balance. Un fenómeno paralelo estos días han sido las protestas contra una ley introducida por los parlamentarios de la derecha, representantes de las provincias del sur de Francia en los que viven la mayor parte de lo que aquí se llama los "repatriados", es decir los "pies negros", los antiguos colonos de Argelia, y los "harkis", los argelinos que ayudaron al ejército francés durante la guerra de independencia. Esta ley pretendía imponer en los manuales escolares una visión positiva de la colonización francesa, tanto en el norte de Africa como en las Antillas. Es decir imponer una visión de la colonización como labor de difusión de la cultura occidental a los salvajes ignorantes.

Está claro que para llegar a estos extremos hay que haber mantenido en el olvido una serie de sucesos graves que han tenido lugar en este país en el siglo pasado. Para empezar, la manifestación de octubre de 1961 en la que, a la llamada del FLN, los obreros argelinos deciden manifestar en París su oposición al toque de queda al que son sometidos. El gobierno y la policía, al mando del siniestro Maurice Papón (que será juzgado más tarde por crímenes contra la humanidad por su participación durante la guerra mundial en la deportación de los judíos franceses a los campos de exterminio), deciden hacer un asunto de política exterior tratando a estos obreros como agentes directos del FLN y organiza una masacre en las calles de París de cientos de manifestantes cuyos cuerpos aparecen flotando durante días por el Sena.

Hay que decir que el Partido Comunista, que pretendía ser por aquel entonces el representante único de la clase obrera, en ningún momento defendió a estos obreros argelinos, ni los acompañó a manifestarse, ni los protegió, ni exigió responsabilidades por lo sucedido. La defensa a ultranza del nacionalismo, del chauvinismo, de este partido ha sido siempre ejemplar, de lo que parece deducirse que los obreros argelinos no eran de su incumbencia. Las consignas "nacionalistas" del PCF han perdurado hasta tiempo reciente en el que parece que han descubierto, después de tanto descalabro electoral, las maravillas de la "altermundialización".

Es precisamente una ley creada para el mantenimiento del orden público en Francia durante la guerra de Argelia la que desentierran ahora par hacer frente a la revuelta de los jóvenes, algunos de los cuales son los nietos de los que se manifestaron en aquella ocasión. A este inconsciente patológico que corroe la política en Francia desde hace décadas hay que añadir el papel que el siniestro Francois Mitterand jugó en la ascensión del Frente Nacional como partido referente de la política francesa. Mitterand utilizó sin escrúpulos la cuestión del racismo y del antirracismo para dividir a la derecha francesa con el único propósito de mantenerse en el poder durante dos mandatos. Hoy ya nadie recuerda que cuando comenzaron las primeras huelgas importantes en el año 1982 en la industria automovilística, el primer ministro socialista de entonces, Pierre Mauroy, calificó a los obreros de "chiitas".

L.: ¿Una colusión por tanto entre la derecha y cierta "izquierda" en la tarea prioritaria de balcanización de las clases trabajadoras?

V.A. Claro. Un largo proceso comenzaba entonces para volver invisibles los conflictos de clase y hacer desaparecer de una vez por todas la referencia política a la clase obrera, creando en su lugar el "problema de la inmigración" y al "inmigrante" como causa de todos los conflictos y todas las desgracias que aquejan al país. Los "hijos de obreros" pasan así a ser "hijos de inmigrantes" y los "problemas obreros" a ser "problemas de la inmigración".

El paro masivo que acompañaba el final de los "treinta gloriosos" (es decir al periodo de expansión iniciado después de la segunda guerra) se encargaba de dejar sin trabajo a los hijos de los obreros y de crear con el tiempo lo que es ahora una juventud que se sabe sin futuro en este país por el simple hecho de llamarse Mohamed o Mamadou. Con esto llegamos al panorama actual en el que un país democrático puede vivir en un "estado de excepción" transitorio a condición de que la excepción se ejerza sobre aquellos que aún siendo de aquí se les niega hasta el hecho de serlo. Pero si a esto le añadimos la promulgación continua de leyes antiterroristas ante las que el PS practica la política de "abstención responsable", creando finalmente un consenso sobre las supuestas cuestiones de seguridad, tenemos en realidad un "estado de excepción" permanente en el que la policía y los jueces pueden reinar en una situación de arbitrariedad absoluta perfectamente legalizada.

A estas cuestiones políticas se le añade una política urbana desastrosa que ha creado en las periferias barrios sin ninguna actividad industrial ni comercial, ciudades dormitorio (aquellas "ciudades rabiosas") de las que han huido poco a poco las clases medias o simplemente todo aquel que todavía podía y en las que la degradación de los servicios sociales y la miseria cotidiana los han convertido en infiernos para todos, pero sobre todo para los que allí viven.

Los jóvenes que viven en esos barrios padecen una extrema indigencia en todo sentido. El medio familiar suele estar en franca descomposición, suelen abundar las familias monoparentales, o desestructuradas por uniones sucesivas; los padres suelen estar en paro y muy a menudo no poseen ninguna cualificación con lo que no pueden acceder más que a empleos precarios. Las únicas entradas en esos "hogares" provienen de los subsidios sociales y del trapicheo que los jóvenes ejercen en el barrio, sobre todo ligado al tráfico de drogas y al producto de la pequeña delincuencia. La escuela no les puede ofrecer una solución a su situación o una vía de salida por desclasamiento relativo pues la política escolar ha favorecido, o por lo menos no ha impedido, el descalabro de los centros situados en las zonas de educación prioritaria (ZEP) carentes de medios y a los que el ministerio suele enviar a un personal joven poco preparado para enfrentarse a la gran violencia que reina en esos centros.

Además, a los jóvenes que quemaban coches o escuelas no se les puede calmar diciéndoles que si estudian y obtienen algún diploma podrán salir de su mísera situación. Los hermanos mayores que consiguieron tener el bachiller, o incluso alguna formación de más peso, están en casa sin trabajo. Los intentos de crear una vida social en esos barrios creando una red de asociaciones de todo tipo que ofrezcan al mismo tiempo una ocupación laboral a los jóvenes, han ido decreciendo con las sucesivas políticas presupuestarias de los últimos gobiernos.

Laberinto: Peroestás describiendo¡cómo decirlo!, ¿el porvenir de una desilusión?

V.A. Incendiando no sólo los coches o los pocos comercios que tenían a mano (propiedad privada) sino también las instituciones públicas (escuelas, correos, etc) los jóvenes no han hecho sino expresar un sentimiento compartido por todos: el abandono del Estado de sus obligaciones con la población más desfavorecida y la humillación de ser tratados únicamente como delincuentes, como gente que, habiendo nacido aquí siguen siendo considerados como extranjeros inadaptables. Estos jóvenes no expresaban ningún deseo revolucionario, no querían cambiar la sociedad, ni luchar por un mundo distinto. En este sentido son ajenos a la política, en tanto que la política es un combate organizado.

Pienso que en el estado actual de las cosas no hay nada que esperar en cuanto a una organización durable en los barrios que se plantee problemáticas a largo plazo. No había ninguna organización ni política ni de ningún tipo detrás de ellos. Por supuesto ninguna organización religiosa, a las que no les convenían nada estos incidentes y que actuaron más bien como cortafuegos. En realidad lo único que expresaban era su desesperación y el odio por sentirse despreciados. Esta sociedad es una fábrica de exclusión, crea exclusión de la misma manera que crea televisiones o tanques. Esta exclusión crea también sus modos de ser, de "estar en el mundo".

Los jóvenes incendiarios estaban a veces organizados en bandas locales. Estas bandas funcionan a un nivel extremadamente primario, estructurados por una ideología violenta y machista cuyos "ritos iniciáticos" predisponen a una serie de comportamientos frente al otro sexo, a la familia, a las instituciones, etc, que están bastante alejados de lo que tenemos por costumbre considerar como prácticas progresistas. Además, parte del éxito de las violencias urbanas se ha debido como siempre al funcionamiento de una sociedad estructurada por el espectáculo: por un proceso de "imitación" y rivalidad los jóvenes de una comuna tenían que hacer más y mejor que los de la comuna limítrofe para salir en la tele.

Ningún enunciado político ni de ningún tipo ha resultado de estos sucesos. O tan sólo uno: "brûlez tout". "Quemad todo" pues nada es posible. No creo que las medidas que el gobierno ha tomado desde el fin del conflicto vayan a calmar los ánimos. En dirección a la inmigración la nueva versión del CESEDA (Código de Entrada y Estancia de Extranjeros y del Derecho de Asilo) por Sarkozy es simplemente una ofensiva para dejar sin derechos a una parte importante de la clase obrera. El texto, que hace imposible derechos fundamentales como el de vivir en familia por las restricciones que impone al reagrupamiento familiar, reduce al obrero inmigrante a una pura fuerza de trabajo, sin vida privada y sin apenas derechos cívicos.

En cuanto a la filosofía gubernamental sobre la juventud y su futuro, el nuevo "Contrato primer empleo" (CPE) muestra bien el fondo: generalizar la precariedad por la institucionalización de contratos en los que el patrón puede quitarse de encima en todo momento al trabajador sin necesidad de justificación alguna. La ofensiva es total, pero las contradicciones se hacen cada vez más agudas, a pesar de todo el trabajo de división en el seno de las clases trabajadoras (hombres/mujeres, jóvenes/adultos/seniors, nacionales/extranjeros y dentro de éstos subdivisiones por procedencias: asiáticos/africanos, etc.).

Pero Francia ha sido siempre un país sometido a fuertes contradicciones, en donde la lucha de clases ha dado a veces giros violentos e inesperados. Sin ir más lejos, para todo aquel que vivió las huelgas del 95, la experiencia de solidaridad y de resistencia es inolvidable. Frente a la despiadada ofensiva actual, todo es posible...

 

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