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Europa :: 04/11/2005

En el conurbano de Paris como en el de Buenos Aires los pobres prenden fuego

Impaciente
La periferia del norte de París ha sufrido el miércoles la séptima noche consecutiva de violencia, con incendios, asaltos a edificios públicos e incluso disparos contra la policía

La ola de violencia, que surgió tras la muerte de dos jóvenes a manos de la policia, ha abierto el debate en Francia sobre la relación entre marginación y delincuencia en algunas zonas de París. [La violencia estalló después de la muerte, el jueves pasado, de dos muchachos de 17 y 15 años en un transformador eléctrico en Clichy-sous-Bois (noreste de París) donde se habían refugiado al ser perseguidos y amenazados por la policía]

Los disturbios más graves han sido los de Aulnay-sous-bois, donde unos 40 jóvenes consiguió entrar en una comisaría cerrada, desvalijarla y destrozar el mobiliario. También han sido pasto de las llamas un concesionario y una guardería.

Muy cerca, en Bobigny, decenas de jóvenes entraron por la fuerza en un centro comercial, agredieron a varios vendedores cuando cerraban las tiendas y destrozaron escaparates, antes de incendiar un coche delante de la prefectura.

En otros pueblos del departamento, como Tremblay, Livry-Garan o Sevran, también hubo duros enfrentamientos entre grupos de encapuchados y la Policía. En Anthony, se lanzaron dos cócteles molotov contra una comisaría y ardieron varios coches.

En los departamentos de Seine-et-Marne y Vald’Oise, otros dos de los cinco que rodean la capital, se prendió fuego a varios vehículos. Los enfrentamientos entre jóvenes y policías, los incendios de vehículos y la destrucción de instalaciones urbanas que se producían desde hace siete días en suburbios del norte de París, se extendieron en la noche del martes al miércoles a tres departamentos en la periferia de la capital. Unos 40 automóviles y dos autobuses fueron incendiados en nueve comunas del departamento de Seine-Saint-Denis (periferie norte), según la prefectura, y decenas de otros vehículos ardieron en el de Hauts-de-Seine (oeste), donde dos cocteles molotov fueron lanzados contra una comisaría.

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Tolerancia cero

La ola de violencia en la periferia parisiense, que la noche del miércoles se extendió a otras poblaciones, dejando un saldo de 250 vehículos calcinados, ha desencadenado una crisis en el seno del Gobierno de Dominique de Villepin. Principal perjudicado: Nicolas Sarkozy, ministro del Interior, presidente del partido gubernamental y principal enemigo político del primer ministro, en cuya consigna de "tolerancia cero" parece estar el origen de esta guerra. Ambos anularon ayer sus compromisos para intentar detener la espiral de una rebelión en la periferia de las grandes ciudades.

Pero mientras en Clichy el escenario era el de un barrio en pie de guerra, los episodios del miércoles se parecían más a escaramuzas de grupos guerrilleros poco numerosos, que evitaban el enfrentamiento con las fuerzas antidisturbios (CRS), pero que las provocaban incendiando automóviles y contenedores de basura. La policía, que ayer explicaba que se enfrenta a "pequeñas bandas móviles" de jóvenes que se comunican por teléfono móvil y les "acosan y provocan", practicó 34 detenciones.

El presidente, Jacques Chirac, habló ayer por primera vez desde que estalló la violencia el pasado jueves, cuando murieron electrocutados dos adolescentes al esconderse dentro de un transformador perseguidos por la policía. Chirac pidió calma y que se aplique la ley "en un espíritu de diálogo y respeto" y el portavoz del Gobierno, Jean-Francois Copé, advirtió de que "la ausencia de diálogo y la escalada de la falta de respeto pueden llevar a una situación peligrosa". Presidiendo el Consejo de Ministros, Chirac pidió a Villepin que elabore antes de final de año un plan especial para favorecer la igualdad de oportunidades.

Sarkozy se mantuvo ayer silencioso, a excepción de una entrevista en el diario Le Parisien en la que defendía su actuación y también el lenguaje despectivo e incriminatorio que ha utilizado estos días y que, al menos en Clichy, provocó la ira de los vecinos, que se sintieron insultados al ser calificados de "canallas" y "delincuentes" de forma generalizada. "Ha llegado la hora de que la clase política hable con las mismas palabras que usan los franceses", se refería a los franceses "bienpensantes" que van a la iglesia todos los domingos, hacen sus porquerias en sus amplios salones privados y solo se las cuentan a su confesor.

Críticas internas

Pero desde su propio Gobierno le llovían críticas. El ministro de Igualdad de Oportunidades, Azouz Begag, calificaba de "semántica guerrera" las formas de Sarkozy. La mayor humillación que ha tenido que padecer el ambicioso ministro del Interior, sin embargo, tuvo lugar la tarde del martes, cuando acompañó a Villepin mientras el primer ministro recibía a los familiares de los dos adolescentes asesinados en Clichy-sous-Bois. La semana pasada, Sarkozy había anunciado que los recibiría en su ministerio, pero el hermano de uno de los chicos rechazó la invitación tildándole de "incompetente".

Tanto la izquierda como una buena parte de los comentaristas políticos recuerdan que fue Sarkozy quien en 2003 desmanteló el modelo de policía de proximidad que había puesto en marcha el Gobierno socialista de Lionel Jospin. En clara sintonía con la campaña sobre la inseguridad ciudadana que tan buen resultado le había dado en las elecciones presidenciales de 2002, Sarkozy, entonces ministro del Interior, sustituyó este modelo, que pretendía ganarse la confianza de los habitantes de los barrios problemáticos, por una política de "tolerancia cero", confiada a las CRS. "La policía no está para organizar torneos deportivos sino para detener a los delincuentes. Ustedes no son trabajadores sociales", dijo Sarkozy en aquella ocasión.

Ésta fue una de las críticas que más se oyó de la oposición de izquierdas ayer por la tarde en la Asamblea Nacional, en la sesión de control del Gobierno. Mientras Sarkozy aguantaba el chaparrón, su mejor enemigo, Villepin, le defendía sin mucha convicción.

Zonas oscuras al margen de la ley

El problema de las ciudades dormitorio de la periferia parisiense, así como de las otras grandes ciudades francesas no es nuevo. La polémica sobre la penetración del islamismo radical y la presencia de bandas de delincuentes que controlan la prostitución y el tráfico de drogas esconden otros problemas más profundos que raramente salen a la luz: la poligamia, la ablación de clítoris, los matrimonios forzados... que son producto evidente de la discriminacion y el racismo, pues el estado y la sociedad bienpensante los abandona en manos de la mafias más extremistas y fanáticas.

(...)

Solo las explica un estado mafioso que necesita de las pequeñas mafias de los suburbios como mano de obra barata para sus operaciones politicas.

Indymedia Argentina, con información de agencias

 

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