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Europa :: 28/03/2006

Francia: Pronóstico reservado

Abel Ortiz
Las barricadas de París tienen ya una víctima, su sangre excita a los tiburones. Un sindicalista herido el sábado está en coma. La policia se emplea a fondo. La mano dura se cotiza en la lucha por el poder de la derecha

La derecha francesa, ante el pasmo del país, se ha echado al monte. El presidente del gobierno, un hombre de cuidados modales y exquisita educación, ha sacado la navaja enseñando el colmillo.

Villepin ataca al sector más débil de la sociedad con una provocación, un insulto, una trampa o una mezcla de las tres cosas.

El CPE, contrato de primer empleo, es inaceptable para estudiantes, sindicatos, y cualquiera con capacidad de distinguir una ley de una agresión.

Desde que Le Pen y Chirac compitieron por la presidencia de la república, la deriva a la derecha se ha ido haciendo cada vez más palpable, más agresiva, más insoportable.

Las calles de París, sus estudiantes, la Sorbona, los sindicalistas, vuelven a ser referencia internacional. Una buena parte del mundo tiene sus ojos puestos en el proceso que se ha iniciado en Francia. Los comentaristas profesionales en descodificar las señales que emiten las estrellas de la política francesa hablan de luchas por el poder, de duelo al sol, entre Sarkozy y Villepin, con Chirac ejerciendo de reina madre.

Es ningunear a cientos de miles de jovenes que se sumarían al mercado de trabajo atados de pies y manos, con una hojita de laurel en la boca.

La, para muchos, sobre todo extranjeros, mítica sociedad civil francesa se defiende en la calle; sesenta y ocho universidades cerradas, seiscientos institutos bloqueados, los sindicatos sugiriendo una huelga general, movilizaciones masivas.

El enfrentamiento está planteado. El antecedente inmediato de las recientes noches de la gasolina se tiñe de un lejano recuerdo a aquel mayo en blanco y negro.

Los futurólogos están manejando posibilidades, haciendo cuentas, leyendo encuestas.

Sarkozy, omnipresente, huele, como depredador que es, la debilidad de sus rivales. Marca su territorio, toma distancias.

El juego político parece obviar las repercusiones de sus estrategias en personas reales, en jóvenes sin perspectivas. Si la derecha francesa consigue doblegar a quienes se defienden en la calle de un engendro de despacho todos habremos dado un paso atrás. Los enjuagues de los tahúres no pueden imponerse, la política no puede jugar con el fuego que supone robar la esperanza a toda una generación, por mucha vaselina que pretendan poner desde las alturas.

Las barricadas de París tienen ya una víctima, su sangre excita a los tiburones. Un sindicalista herido el sábado está en coma. La policia se emplea a fondo. La mano dura se cotiza en la lucha por el poder de la derecha. La situación es grave.

El pronóstico sigue siendo reservado.

abelortiz.blogspot.com

 

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