G-8: hipocresía en la cumbre

La "cumbre" del Grupo de los 8, más conocido como G-8, que reúne anualmente a los jefes de estado o gobierno de los ocho estados más poderosos (en teoría al menos), Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia, ha tenido lugar en esta ocasión en la localidad alemana de Heiligendamm, en el lujosísimo Kempinski Gran Hotel entre los días 6 y 8 de junio.
En realidad el sistema imperialista mundial no tiene necesidad de este tipo de aparatosos eventos para continuar su funcionamiento, cuando los ministros y funcionarios gubernamentales de alto nivel negocian habitualmente en otros foros y, llevan previamente meses negociando palabra por palabra y coma por coma sobre distintos contenidos y sobre la posible declaración final de cada cumbre del G-8.
De hecho ha habido ocasiones en que no ha habido declaración final. Así pues, la operatividad real de estas reuniones parece más bien escasa. Además, las iniciativas emanadas del G-8 no cuentan con ningún mecanismo de implementación y seguimiento de éstas.
Lo que realmente ocurre es que existen otras instituciones internacionales creadas también por los estados imperialistas, en las que éstos ocupan una posición de total preeminencia: la Organización Mundial del Comercio (OMC), en la que está China pero no así Rusia que acude en cambio desde 1997 y desde el 2002 como miembro de pleno derecho a las cumbres de G-8 (antes G-7, lógicamente), Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), la alianza militar OTAN o el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, todas ellas con funciones y mecanismos bien definidos al servicio de mantener y promover los intereses del orden capitalista imperialista internacional.
No obstante el G-8 constituye un claro símbolo de la opresión, explotación, hipocresía y violencia organizadas del capitalismo monopolista. Estas reuniones cuyas discusiones reales son ultrasecretas y sobre las cuales no existe trascripción (ni de los documentos preparatorios), parecen más bien pensadas para propiciar las relaciones interpersonales entre mandatarios, para en un ambiente informal y relajado limar diferencias; tienen un doble carácter, por un lado escenificar el poder mundial con cierto afán exhibicionista y, por otro lado constituyen una gran operación de propaganda mediática en la que con una hipocresía insuperable se intenta transmitir que están preocupados y son sensibles ante los problemas que afectan a los pueblos del planeta.
Por eso en estas cumbres se hacen vagas promesas, nunca vinculantes, que ni siquiera hay la más mínima intención seria de cumplir. Resulta paradójico que lo único que se conoce de estas reuniones mediante las declaraciones de las cumbres ataña precisamente a aquellos temas que no son objeto de discusión. La reiteración año tras año de similares promesas no hace sino demostrar su naturaleza meramente propagandística y por supuesto su falsedad más despreciable.
Como es habitual, esta provocadora y prepotente exhibición ha tenido enfrente a decenas de miles de manifestantes que han mostrado su rechazo y su crítica. El estado alemán sabedor de las iras que concitan las cumbres del G-8, ha respondido en la llamada operación "Kavala" poniendo en acción a todos los aparatos represivos estatales, y violando todas y cada una de las libertades públicas que las constituciones de Alemania y de otros países europeos teóricamente reconocen. También la OTAN ha participado haciendo despliegue de medios militares para garantizar el desarrollo de la reunión. Una vez más vemos la capacidad de convertir en papel mojado los derechos que las constituciones de la burguesía proclaman y como el único derecho inviolable es el de la propiedad privada de los explotadores y el derecho exclusivo que éstos se autoreservan para ejercer la violencia contra el pueblo.
Los derechos de manifestación, de libre circulación tanto dentro del país germano como a acceder desde fuera de sus fronteras, o a la información se han deshecho como un azucarcillo. La visible violencia policial se ha saldado con numerosos manifestantes heridos y detenidos. Aspectos menos visibles de este estado policial han sido, por ejemplo, la negativa a autorizar la acreditación de al menos 20 periodistas de medios independientes de izquierdas ajenos a los grandes grupos económicos que controlan los medios de difusión de noticias y de opinión.
Más allá de todo ello, los máximos representantes políticos del capital financiero, en el mejor de los casos, lo único que pueden hacer es atacar ciertos síntomas, poner algunos pequeños parches temporales que puedan funcionar como válvula de escape ante una realidad internacional que se retuerce de injusticia e irracionalidad.
***
Kimetz







