Lecciones para todos: Los estudiantes y trabajadores franceses derrotan en la calle la reforma laboral del gobierno

¿Qué ha ocurrido en Francia?
Diez semanas ha durado la lucha de los estudiantes y trabajadores franceses contra el "Contrato de Primer Empleo" (CPE), que el Gobierno quería imponer, prácticamente sin debate parlamentario y social, en contra de la opinión de las grandes organizaciones sindicales y, sobre todo, derrotando al multitudinario movimiento que todo este tiempo ha ocupado las calles de las principales ciudades de Francia.
Esta lucha ha provocado la ocupación de 82 universidades e infinidad de institutos y la práctica pérdida del curso escolar, por la paralización de la actividad académica durante ese período. Las marchas han juntado en todo el país a cerca de 3.000.000 de manifestantes (el 18 de marzo y el 4 de abril); se han sucedido enfrentamientos con la policía, con numerosos heridos y detenidos.
La movilización contra el CPE, más allá de sus contenidos concretos, se ha convertido en el catalizador del profundo malestar y resentimiento de la clase obrera francesa y de los sectores populares, frente a las políticas de precarización laboral, pérdida de derechos y conquistas sociales, privatización de servicios públicos y recortes en gastos sociales, que se suceden desde hace más de dos décadas.
Esta situación ya se reflejó el pasado noviembre en la revuelta de los suburbios (la banlieu), con la quema de automóviles por las noches y los enfrentamientos con la policía. Y también tuvo una expresión en la magnífica victoria del No en el referéndum sobre la Constitución Europea del 29 de mayo pasado, que desbarató los planes de Chirac e hizo descarrilar la Constitución neoliberal de los imperialistas europeos.
Una profunda crisis política, social e institucional ha tocado a Francia, miembro del G-8 (el grupo selecto de los mayores países imperialistas) y una de las grandes potencias europeas. Y lo peor para la burguesía francesa es que hoy la iniciativa la tienen los trabajadores y la juventud. Esta crisis viene de largo y se ha incubado durante años de sucesivos gobiernos de derecha y de "izquierda" (que incluían al partido socialista, comunista y verdes), que han desplegado una política de desmantelamiento de los derechos y conquistas alcanzados en décadas de lucha.
Este proceso tuvo respuestas muy importantes en 1995 (contra la reforma de la Seguridad Social de Juppé) y también en 2003 (contra la reforma de las pensiones del sector público). Pero la actual movilización social supera a las anteriores, no sólo por el número de gente movilizada sino por su impacto social aún más profundo.
El Gobierno y la patronal frente a las movilizaciones estudiantiles
La actitud del Gobierno y los partidos que le apoyan parece haber sido dubitativa y contradictoria. Frente a la huída hacia delante de Villepin, otros representantes de la derecha como Sarkozy alertaban de los peligros de un choque frontal con el movimiento, reforzado por el apoyo generalizado de la opinión pública. Pero todos ellos (Chirac, Presidente de la República francesa, Villepin, Primer Ministro, y Sarkozy, Ministro del Interior y jefe del partido presidencial) estaban por aplicar el CPE. Sus diferencias eran sobre los ritmos: si se hacía de forma abrupta o si, por el contrario, hacía falta una fase previa de "negociaciones" con los sindicatos y organizaciones estudiantiles.
Todos coincidían también a la hora de reprimir con la mayor dureza las movilizaciones callejeras y las ocupaciones, llegando en multitud de ocasiones a la provocación con las cargas de las CRS (policía antidisturbios), palizas a manifestantes, detenciones masivas, incluso entrando a los institutos y facultades ocupadas.
La patronal, que sería la gran beneficiaria caso de aprobarse el CPE, ha permanecido en silencio, mostrando una hermética prudencia durante todo el proceso. El vasto movimiento formado, que se iba reforzando cada día, tendía a cambiar la correlación de fuerzas, hasta hoy claramente favorable a los empresarios. La alianza creada de hecho entre trabajadores y estudiantes, expresada en la consigna coreada en todas las manifestaciones: "¡¡ Estudiantes, asalariados, todos precarios, todos solidarios !! ", ha inquietado seriamente a la patronal.
Esta vez no ocurre como en las ocasiones anteriores, en que las movilizaciones se restringían a una categoría de jóvenes o de trabajadores, permanecían aisladas, se consumían y el Gobierno lograba derrotarlas. Por el contrario, la movilización comenzó por una minoría de estudiantes en las universidades, ganó luego a la mayoría de universitarios, después se extendió a los estudiantes de los institutos, y finalmente alcanzó a los trabajadores, que comenzaron a engrosar las manifestaciones convocadas por los estudiantes y a acompañarlas con movimientos huelguísticos.
Un viento nuevo sacude las actuales movilizaciones contra el CPE
Pero hay algo más, nuevo, en estas movilizaciones: la autoorganización de los sectores en lucha, que ya se había expresado en las anteriores pero que ahora se generaliza y consolida. Y también una apelación constante a la unión con los trabajadores, como condición para ganar las reivindicaciones.
El método de lucha adoptado ha sido la ocupación de la facultad o instituto, la paralización de la actividad escolar y su sustitución por la celebración de asambleas generales que discuten los objetivos de la lucha, aprueban las movilizaciones a realizar, envían delegados a las coordinaciones locales y nacionales para articular el movimiento a escala de todo el país y organizan visitas a las fábricas y talleres, invitando a los trabajadores a unirse al movimiento. Esta dinámica ha desembocado en un potente ascenso de las movilizaciones, que no han podido frenar ni los jefes de la UNEF ni los de los sindicatos de trabajadores.
Contrariamente a lo que pudiera parecer desde fuera, la movilización ha tenido que enfrentarse a las direcciones de los sindicatos y de la UNEF. El apoyo formal a la convocatoria de las movilizaciones por parte de los dirigentes de CGT, CFDT y FO (las tres confederaciones mayoritarias) no esconde que han estado buscando permanentemente una vía "negociadora", a través del Consejo Superior de Empleo, para desactivar la movilización e intentar controlar un movimiento que se les iba de las manos. Oponiéndose a la petición de Coordinación nacional de estudiantes, las confederaciones y la UNEF (principal sindicato de estudiantes universitarios) no quisieron incorporar a la tabla reivindicativa la derogación de otras medidas de precarización del empleo y de reforma universitaria. La excusa que dieron fue que "el no al CPE" era lo verdaderamente unitario.
La actitud de los sindicatos y la "izquierda" oficial francesa
Los dirigentes sindicales han tenido una gran responsabilidad en que la lucha se haya dilatado tanto. Si hubieran asumido su responsabilidad, la victoria no hubiera tardado en llegar. Los sindicatos se han manifestado contra el CPE, y han participado en las grandes movilizaciones convocadas por la Coordinación de estudiantes, pero no lo han hecho como tales organizaciones confederales. Han sido las secciones sindicales y organizaciones sectoriales, las estructuras de base, los que han llamado a participar. Eso sí, cuando ha triunfado el movimiento, los dirigentes confederales han pretendido atribuirse el éxito, resultado de la "unidad sindical".
Pero lo peor fue lo que hicieron en el momento de mayor auge del movimiento, a partir del 7 de marzo, cuando las manifestaciones de los estudiantes empezaron a llenarse de trabajadores. Con el país convulsionado, los institutos y las universidades ocupadas y una creciente presión de sus bases, las direcciones confederales optaron por escabullirse y se negaron a convocar la huelga general que reclamaban estudiantes y trabajadores. Sólo la FO convocó.
La huelga general constituía la culminación del movimiento y habría puesto a la clase obrera a la cabeza de la lucha, sellado definitivamente la alianza de trabajadores y estudiantes y logrado una rápida y contundente victoria.
Pero la fuerza arrolladora de la huelga general habría provocado inevitablemente la caída del Gobierno de Villepin, cuestionado la continuidad del Presidente de la República y abierto una crisis político-institucional de grandes dimensiones, con fuerte impacto en toda Europa y los dirigentes sindicales no estaban dispuestos en absoluto a llegar hasta aquí. Optaron por hacer coincidir las convocatorias estudiantiles con llamamientos a "jornadas de acción", en las que las confederaciones daban libertad de acción a sus organizaciones para que participasen, pero sin organizar las movilizaciones. Por ejemplo, Bernard Tibault, secretario general de la CGT (sindicato mayoritario) y dirigente ferroviario, acudía a las manifestaciones, porque los afiliados lo hacían, pero se negó a convocar huelga en su sector.
Claro que no sólo obstaculizaron las direcciones de las confederaciones y de la UNEF, sino también la izquierda oficial francesa. El Partido Socialista y el Comunista se opusieron al CPE en el debate parlamentario, pero manifestaron que la forma de "derribarlo" no era llenando las calles de manifestantes y paralizando el país con una huelga general, sino participando en las elecciones presidenciales del 2007, votando a la izquierda. Es una cantinela que nos suena. Tampoco tenían ningún interés en derribar a Villepin y menos a Chirac, por la acción de masas. Además, ¿no tomaron acaso medidas neoliberales cuando ellos gobernaron?
El balance y las perspectivas de la lucha de los estudiantes y trabajadores franceses
La Coordinación nacional de estudiantes mantiene viva la lucha contra la Ley de Igualdad de Oportunidades de Villepin, que continúa vigente, aunque Chirac haya anulado el artículo 8 del CPE. El Gobierno francés ha quedado herido de muerte y el movimiento de masas vive la retirada del CPE como una gran victoria propia. Lo han conseguido con la movilización y a punto han estado de cargarse al mismísimo Gobierno. Todo un ejemplo para aprender y aplicar.
Hay un pozo de experiencia y unos pasos en la autoorganización, que el movimiento no va a echar en saco roto y va a aprovechar, ahora que la correlación de fuerzas comienza a ser más favorable a los trabajadores y las capas populares. Y, desde luego, le va a resultar cada vez más difícil a la izquierda oficial francesa desviar el malestar y las esperanzas del movimiento hacia la vía muerta de las elecciones. La lucha continúa.
La reforma laboral francesa y las medidas con las que, tras la retirada del CPE, pretenden sustituirlo
El CPE es el "contrato de primer empleo" que iba a permitir a los empresarios contratar a jóvenes menores de 26 años y despedirlos, en un período de cuatro años, sin causa ni indemnización, con sólo preavisarles 15 días antes. Al mismo tiempo, si el nuevo trabajador hubiera estado sin trabajo los seis meses previos al contrato, la empresa quedaba eximida de todos los costos sociales. Por eso, rápidamente, el CPE fue denominado "Contrato de Precaridad Extrema" o "Contrato para Esclavos".
La excusa del gobierno para su aprobación es que el CPE era un instrumento contra el desempleo juvenil. Pero este contrato, en realidad, formaba parte de una serie de medidas de reforma del Código de Trabajo, que consagra derechos laborales conquistados desde la posguerra y que la patronal francesa quiere dejar en papel mojado. El Primer Ministro Villepin ya manifestó que las nuevas modalidades de contratación debían servir para unificarlas en un CU (Contrato Único) que sustituyera al CDI (contrato de duración indeterminada), lo que significaba que los contratos temporales y precarios sustituyeran definitivamente al contrato indefinido, que es -en principio- la regla general. Es decir, la misma pretensión que aquí reclama constantemente la CEOE y que casi ya ha conseguido, con las sucesivas reformas laborales.
El CPE, contenido en el artículo 8 de la "Ley de Igualdad de oportunidades", ha sido anulado por el Presidente de la República, pero no así la ley que lo incluía. Por el contrario, el Primer Ministro ha manifestado que el CPE va a ser sustituido por "un dispositivo de medidas a favor de la inserción laboral de los jóvenes con mayor dificultad’. Este dispositivo no es más que un regalo a los empresarios de 150 millones de euros (en 2007, el doble), por contratar en precario a jóvenes de los suburbios: una especie de compensación por la anulación del CPE. La ley de "igualdad de oportunidades mantiene, además, el trabajo como aprendiz a partir de los 14 años y el trabajo nocturno a partir de 15 años.
(*) A Luchar por el Socialismo n.º 33 (*) A Luchar por el Socialismo es una publicación mensual del PRT - Izquierda Revolucionaria, sección en el Estado Español de la Liga Internacional de los Trabajadores - IV Internacional (LITci).
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