Portugal: Una falsa izquierda en la retórica del socialdemócrata Alegre

[Traducido para La Haine por Miguel Urbano Rodrigues]
Hace pocos días tuvo lugar un Encuentro, titulado Fórum Democracia y Servicio Publico, concebido por el diputado Manuel Alegre y el Bloque de Izquierda, en la Rectoría de la Universidad de Lisboa. Los medios portugueses lo transformaron en gran acontecimiento nacional.
Los columnistas de los principales diarios y los comentadores de TV le dedicaron atención prioritaria, multiplicando interpretaciones sobre el discurso de Manuel Alegre. Algunos, entusiasmados, proclamaron que sus palabras abrían un nuevo rumbo a la izquierda en Portugal.
Esa euforia revela incomprensión de lo que allí se afirmó, y la mayoría de las análisis solamente contribuyó para aumentar la confusión generada por el mensaje del veterano militante del PS que se presenta como socialista de izquierda, pero en realidad no pasa de social demócrata moderado.
El discurso de Manuel Alegre fue una pieza de retórica tradicional llena de lugares comunes e ideas viejas. En el preámbulo procedió a un breve inventario de la crisis, subrayando que todo va mal. Dijo lo obvio, tomando distancia de la política de su partido.
Para ser bien comprendido utilizó ejemplos para oponer el positivo - es decir lo que se debe hacer en épocas de crisis - al negativo, o sea la estrategia del premier Sócrates [también del PS], pero sin nombrarlo. Elogió entonces el new deal de Roosevelt, la supuesta grandeza de Leon Blum y la «esperanza» Obama. Ese el camino que apunta a la izquierda, tal como Alegre la concibe.
El refrán para el cambio fue la palabra coraje. En su oratoria pidió coraje a las izquierdas para cambiar la sociedad. Sin coraje no hay soluciones que puedan frenar la corrida hacia el abismo y reducir la desigualdad entre los portugueses, cada día mayor.
Sin embargo, no definió su concepto de coraje. La omisión no pasó desapercibida porque los portugueses progresistas no han olvidado que Alegre no exhibió coraje alguno cuando fue miembro de gobiernos de Mário Soares - el coraje que le faltó también al apoyar durante muchos años las políticas de derecha del Partido Socialista.
Tomé nota de que hizo una breve referencia a los males del capitalismo, pero acompañada de alusiones críticas al Partido Comunista, porque el socialismo de Alegre es el «democrático», el que siempre defendió desde que adhirió al PS cuyo actual Primer Ministro desarrolla la política más reaccionaria que Portugal soporta desde el 25 de Abril [de 1974, fecha de la Revolución de los Claveles].
Durante su discurso usó y abusó de la palabra izquierda, a veces en plural. No consiguió sin embargo transmitir lo que entiende por izquierda.
Que izquierda es aquella de que habla, con la esperanza de movilizarla para futuras luchas políticas por una sociedad diferente?
Será la del liberal Roosevelt, el creador mitificado del moderno imperialismo norteamericano? El hecho de que el new deal salvó al capitalismo no debe hacer olvidar que Roosevelt fue aliado firme de las peores dictaduras latinoamericanas. O será la izquierda de Blum? Quizá Alegre olvidó que las medidas progresistas que crearon en Francia el llamado estado social fueron concebidas e impuestas por el Partido Comunista, entonces aliado de Blum en el gobierno del Frente Popular. Cuántos portugueses saben hoy que Blum traicionó compromisos asumidos con la República Española -agredida por el fascismo- al cerrar la frontera y prohibir la entrega de armas ya pagadas.
Y que será la esperanza de Obama? La del candidato que se comprometió a intensificar la guerra de agresión al pueblo de Afganistán, la del Presidente que nombró como jefe de gabinete en la Casa Blanca al fanático sionista Rahm Emmanuel, y decidió mantener como secretario de la Defensa a Robert Gates, un halcón republicano?
La retórica de Manuel Alegre emerge bien iluminada cuando intenta dar respuesta a la pregunta: Qué hacer? Su discurso, siempre ambiguo, adquirió entonces una sinuosidad permanente.
Acaso hizo un llamamiento a los trabajadores para intensificar la lucha contra las políticas del Partido Socialista responsables por el caos que se instaló en el país? Se dirigió a las masas como sujeto de la historia?
No. Se dirigió sobretodo a sus compañeros de la izquierda del PS para que ofrezcan su adhesión a un proyecto de contornos difusos porque su objetivo son maniobras electorales.
En toda esa retórica, condimentada con morceaux de bravoure, el vacío de ideas es transparente. Qué alternativa al drama socratiano formula? Ninguna.
Una certeza: el «objetivo programático» a elaborar sería, más allá del juego electoral, la humanización del capitalismo, es decir una imposibilidad absoluta.
Algunos analistas identifican en este discurso un prologo a la creación de un nuevo partido. Manuel Alegre fue perentorio: «hay que ir a por votos!» Y agregó: «Hay que romper el tabú de que la izquierda no quiere ser poder!»
Pero no hubo consenso sobre como interpretar ese desafío. Desde luego en los días siguientes en entrevistas a la televisión y declaraciones a la prensa, Alegre se hechó atrás.
«Hablé de alternativa de poder, no de que iba a hacer un partido.» Y después: «Estos procesos son así, hechos de ambigüedades y tensiones, no puedo decir si voy crear partido o no. Esto es un proceso, un camino» (en «Publico» [de Portugal], 16.12.2008).
En momento algún afirmó estar dispuesto a romper con el PS que representa en el Parlamento como vicepresidente. El folletín prosiguió dos días después y en largas entrevistas en la televisión hasta elogió a Sócrates.
El interés por estas farsas retóricas no sorprende. La burguesía siempre sintió fascinación por la retórica. Sobre todo cuando se caracteriza por un vacío de ideas.







